sábado, 30 de noviembre de 2013

Don Luis y sus contradicciones

     A lo largo de bastantes artículos de este blog hemos observado algunas contradicciones entre la persona de Luis Buñuel y su obra. De eso vamos a tratar aquí.
     Buñuel era capaz de moverse con familiaridad y soltura entre contradicciones que hubieran agobiado y lesionado el temple de cualquier otro. Es más, no podría haber funcionado sin ellas; necesitaba a los jesuitas y a los surrealistas, la medievalizante Calanda rural y la cosmopolita Residencia de Estudiantes. Y, de hecho, trenzó sus películas con Cristo y Sade, con crucifijos y navajas, con santos y criminales.1
     Buñuel hace de la contradicción el principio ordenador de su obra y aquí podríamos encontrar que la divinidad organizadora que rechaza se le mete en su obra por la ventana, encarnada en la coincidentia oppositorum.2
     Diríase que toda su vida está movida por una incesante dialéctica, donde las contradicciones y paradojas se enfrentan en rápida oscilación hacia una síntesis superior jamás en reposo. En esto parece continuar, salvando las distancias, el estilo de dos grandes aragoneses artistas como él: Baltasar Gracián y Francisco de Goya.3
     Buñuel no ha vivido casi nunca las posturas que proclama con su cine. Si se exceptúan, tal vez, la primera época surrealista y determinadas actitudes de su anterior estancia madrileña, el cineurgo  ha actuado casi siempre en contra o al margen de sus convicciones.
Foto de Antonio Gálvez
     Todo ello contribuye al fracaso de tantos críticos de derecha e izquierda que han pretendido clasificarle con definiciones precisas y adjetivos equívocos. Buñuel es un empedernido hombre de contradicciones, encastillado en sus primeras actitudes juveniles y sin la menor preocupación por cambiar de postura. Tal vez radique en este talante contradictorio un aspecto interesante de su cine.4 
     Buñuel fue pues un hombre de contradicción en quien se afirmaban, negaban y contraponían, simultánea o sucesivamente, múltiples escalas de valores. De semejante actitud hizo su divisa personal y ahí radicaba gran parte de su genial dinamismo.5
     Buñuel extrae vorazmente su fuerza de sus propias contradicciones insuperables.No existe otro director como Buñuel, cuya obra esté determinada por la esencia de la contradicción y que no obstante se presenta al mismo tiempo como una unidad de consecuencia inequívoca.
     Buñuel era capaz de moverse entre grandes contradicciones y salir indemne o relativamente indemne como artista o incluso le ayudaron a avanzar en la dirección que él deseaba.7 
     A lo largo de toda su vida ha habido una contradicción entre la persona de Buñuel y su obra en múltiples aspectos:
·         Escribe cuentos en una revista para ciegos con la intención de colaborar a su rehabilitación psicológica y al mismo tiempo muestra a los ciegos de forma “cruel” a lo largo de su filmografía: La edad de oro, Los olvidados.
·         Es partidario de la revolución social violenta, pero durante la revuelta de mayo del 68 se va huyendo a Bélgica. Cuando se muestran en la vida, la sangre, la opresión… Buñuel abomina de la revolución. En este sentido, es tan solo consecuente a medias. Él lo sabe perfectamente. En realidad, actúa como un moralista sin moral. La revolución del cine de Buñuel sólo se da, pues, en la pantalla.
·         Sus películas antiburguesas y anticapitalistas están realizadas con la ayuda del capitalismo burgués, primero el de su familia o el propio; luego, el de los productores de diferentes nacionalidades.
·         Las violencias visuales de su cine, tanto en la línea del erotismo como en la de la crueldad, provienen de una personalidad delicada, incruenta y hasta tímida. Le molesta la crueldad de los primeros planos.
Foto de Antonio Gálvez
·         Era un hombre ateo total, pero se sentía muy bien en un ambiente religioso, desde su infancia. Ateo, gracias a Dios, como se definió más de una vez, la religión católica, en la que fue educado,...ocupa una buena parte de su obra.8 Ateo alimentado de cristianismo.
·         Buñuel fue siempre profundamente antimonárquico, tal vez republicano a medias, pero se dejó condecorar, nada menos que con la “Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica” por el entonces ministro de Cultura, J. Solana.
·         Despreciaba olímpicamente a la intelectualidad pero era amigo de los intelectuales de su generación y, posteriormente, de los de la “gauche divine” aceptando complacido el doctorado “honoris causa” de la Universidad Complutense de Madrid, en donde había cursado con nota mediocre la carrera de Filosofía y Letras.
·         Decía que no le interesaban los premios, pero llevaba una lista detallada de todos los que le concedían.
·         No podía ver a los periodistas, pero guardaba varios álbumes con las críticas de sus películas.
·         Combatió sistemáticamente a la institución familiar en todas sus películas y llevó una vida de familia ejemplar. Censuraba, por ejemplo, el divorcio de algunos de sus amigos y colaboradores.
·         Criticó al clero y a las religiosas. Sin embargo, uno de sus hijos se educó en colegio de religiosas y, personalmente, tuvo varios amigos religiosos, alguno de los cuales (el padre Julián) le acompañó fielmente en su última enfermedad, visitándole a diario.
·         Ataca las normas solamente desde los márgenes, ya que disfruta, cuando puede, de los privilegios de su clase...Buñuel desata la imaginación en sus obras, mientras mantiene una vida privada estable y burguesa.9
·         Era un cineasta de instinto, de un método, o de un sin-método, surrealista, pero al mismo tiempo –como lo notó una vez François Truffaut- sus guiones estaban muy bien construidos…10
·         Era un hombre muy cariñoso y al mismo tiempo uno de los hombres más violentos que he conocido. Pasaba de un extremo a otro.11
·         Amor por las armas y al mismo tiempo ese miedo hacia ellas.
Foto de Antonio Gálvez
·         Le molestaban nuestras blasfemias, pero a él le gustaba mucho decir, de vez en cuando, ¡ Me cago en Dios!.. Pero lo tenía que decir él, si lo decías tú, le molestaba.12
·         Entre su manera de pensar y su forma de vivir. El antiburgués por excelencia llevaba la vida de un perfecto burgués. Su mujer decía que era el “burgués más grande del mundo”.
·         El feroz fustigador de una sociedad injusta e inhumana se encontraba muy a gusto en el mundo en el que le había tocado vivir, y parecía aceptablemente cómodo en su doble papel de permanente predicador de la revolución, y de defensor permanente de la rutina burguesa cotidiana.
·         El partidario de acabar con todo tipo de convencionalismo, se sentía incómodo si no se le trataba de usted, etc, etc. (Antonio Castro)
·         Era marxista y al mismo tiempo anarquista.
·         Era rico (de joven) y revolucionario,
·         Moral y amoral, según la -clasificación católica
·         Era –teóricamente- partidario de una organización del mundo que rechaza totalmente lo irracional y basar el arte que le da fama precisamente en lo contrario.13
·         Como creador (revolucionario)y como persona (muy conservador)
·         Antiartista haciendo grandes obras de arte,
·         Español, encarnación misma de España, pero español desterrado, que hizo lo esencial de su obra en México y en París.14
     El espíritu de contradicción de Buñuel, de su dialéctica,  se refleja en sus personajes. Al afirmar que la acción es un compromiso y que los vicios pueden convivir con las virtudes –o viceversa- que la injusticia justifica frecuentemente la violencia revolucionaria o simplemente de represalia, Buñuel parece suscribir las categorías maniqueas. Pero estas categorías, una vez establecidas, se ven inmediatamente socavadas por contradicciones que quedan bien patentes a causa de la complacencia burlesca del estilo de Buñuel.15
     La dualidad es la condición de reunir dos caracteres distintos en una misma persona...La dualidad en manos de Luis Buñuel conduce a la ambigüedad, a algo que puede entenderse de varios modos o a admitir distintas interpretaciones y dar, por consiguiente, motivo a dudas, incertidumbre y confusión.16
Foto de Antonio Gálvez
Buñuel es siempre ambiguo. Lo es, por ejemplo, en las películas de temática política como Así es la aurora, La muerte en este jardín y Los ambiciosos.
     Se ha criticado la falta de coherencia entre su obra y su vida, pero precisamente porque en sus películas desplegó, sin cortapisas, los fantasmas del deseo imaginario, porque sublimó y nos permitió sublimar la pulsión en el ámbito de lo estético, probablemente por todo eso, y pese a su antihumanismo teórico y estético, pudo llegar a ser un buen padre, un buen marido..., un buen hombre en definitiva...17

NOTAS:
1 Agustín Sánchez Vidal: Vida y opiniones de Luis Buñuel. Pág.: 6
2 Víctor Fuentes: Buñuel: Cine y Literatura. Pág.: 182
3 Manuel Alcalá: Buñuel (Cine e ideología). Pág.: 15
4 Manuel Alcalá: Buñuel (Cine e ideología). Pág.: 119
5 Manuel Alcalá: ¿Teísmo anónimo de un ateísmo explícito?. En, AA. VV.: Camino y encuentro con Luis Buñuel. Pág.: 33
6 Jorge Ayala Blanco, en: Emilio García Riera : Historia documental del cine mexicano, VIII. Pág.: 239
7 Agustín Sánchez Vidal, en: AA. VV.: Camino y encuentro con Luis Buñuel. Pág.: 77
8 César Carlos Fontenla: Luis Buñuel: Es peligroso asomarse al interior. Pág.: 16
9 Elena Gascón-Vera: La imaginación sin límites: Sade en Buñuel. En: Turia, nº 26. Pág.: 158
10 Jean-Claude Carrière, en: AA. VV.: Testimonios sobre Luis Buñuel En: Turia, nº 28-29. Pág.: 198
11 AA. VV.: Testimonios sobre Luis Buñuel En: Turia, nº 28-29. Pág.: 216
12 AA. VV.: Testimonios sobre Luis Buñuel En: Turia, nº 28-29. Pág.: 217
13 Max Aub: Luis Buñuel, novela, Cuadernos del vigía, 2013, pág. 284.
14 Jean-Claude Carrière, En: Marcel Oms: Don Luis Buñuel. Pág.: 10
15 Raymond Durgnat: Luis Buñuel. Pág.: 145
16 Luis García-Abrines: La dualidad en Luis Buñuel En: Turia, nº 20. Pág.: 155

17 Luis Martín Arias : El escándalo imposible: del surrealismo a la posmodernidad. En: Obsesión es Buñuel. Pág.: 238

martes, 26 de noviembre de 2013

Buñuel en la Residencia de Estudiantes

    
               Cuenta Buñuel: En la Residencia de Estudiantes... permanecería siete años. Mis recuerdos de aquella época son tan vívidos, que puedo asegurar, sin temor a equivocarme, que de no haber pasado por la Residencia mi vida hubiera sido muy diferente.
     En la R.E. me encontré ante una elección inevitable. En aquella elección influyeron el ambiente en que vivía, el movimiento literario que existía en Madrid en aquellos momentos y el encuentro con unos excelentes amigos[1].
Residencia de Estudiantes
     Estos siete años (hasta 1925 en que se fue a París) fueron muy importantes para mi formación. Pasé de agronomía a ciencias naturales y finalmente a filosofía y letras. Aunque estudiaba muy poco, esta carrera, que era de cuatro años, la hice en dos. Todo era ir a los cafés y charlar con los amigos[2]...
    No puedo explicar día a día lo que fueron aquellos años de formación y encuentros; nuestras charlas, nuestro trabajo, nuestros paseos, nuestras borracheras, los burdeles de Madrid... y nuestras largas veladas de la Residencia… [3]
     La coincidencia de Buñuel, Lorca y Dalí en la Residencia no fue exactamente producto de la casualidad...Si un padre deseaba para su hijo una educación moderna y esmerada, tenía el suficiente dinero para pagarla y rehuía la tradicional enseñanza religiosa, resultaba lógico que terminara por encaminarlo a la Residencia de Estudiantes.[4]
     En la etapa en que Buñuel estuvo en la Residencia, ésta se hallaba en los altos del Hipódromo (calle Pinar, 21), casi en pleno campo por aquel entonces y con jardines. Antes estuvo en la calle Fortuny. El lugar se conocía con el nombre de Colina de los Chopos. Tenía, aparte de los dormitorios, comedores, bibliotecas, laboratorios, salas de esparcimiento, zonas para hacer deporte, etc.
     Por la mañana de 7 a 9 desayuno, la comida de 1 a 2. A las 5 té y a las 8 y media cena. Se organizaban gran cantidad de actividades culturales: conciertos, recitales, etc. La sección de Cursos y Conferencias organizaba todos los sábados proyecciones cinematográficas, y para asistir se pagaba una cuota de 5 pts. al mes. Buñuel llegaría a organizar desde mayo de 1927 varias sesiones de cine de vanguardia francés
     Aunque había completa libertad, las excentricidades había que dejárselas para el exterior, pues dentro había un severo control con las normas de comportamiento. Normas no escritas, pero que se respetaban en general.
     Buñuel llega a la Residencia el 6 de octubre de 1917 y como no había cuarto compartió el de Augusto Centeno. La dejará a principios de 1925, pero volvió a ella algunas veces.[5]
Don Juan Tenorio. Buñuel 2º por la derecha
     Cuando Luis llegó “lo ocupaba un colegio mayor para 150 estudiantes. Erigido sobre una colina rodeada de jardines...el gran edificio de ladrillo rojo y de tres plantas, conocidas como pabellones...Las habitaciones eran baratas: 7 pesetas por día o 4 por una habitación compartida, que solía ser lo habitual...Aquí y allá, un jarrón o un tapiz daban un toque de color a un entorno por lo demás deliberadamente austero. El alcohol estaba prohibido[6] –todo el mundo tomaba té– y los suelos estaban impolutos...Luis se instaló [más adelante] en una habitación privada, que la familia pagaba por semestres. También le asignaron una insuficiente paga semanal de 20 ptas…[7]  para sus gastos, lo que lo coloca entre los hijos de rico. Pero visiblemente este dinero no es suficiente puesto que tiene numerosas deudas y cuando vuelve a Zaragoza, debe pedir a su madre que el administrador de la familia lo arregle sin que su padre se entere.[8]

     El cambio de la vida provinciana a la gran ciudad deslumbró a Buñuel. Su afición por los deportes y por la buena vida, hacen que sus estudios, excepto la biología, vayan a la deriva. Don Leonardo ordena a su hijo regresar a Zaragoza a mitad de curso para vigilarlo de cerca en el estudio de las matemáticas, un auténtico calvario para el joven Buñuel...Durante los dos primeros años no hace gran cosa. En 1918 se convierte en vegetariano, le gusta andar descalzo y come siempre pan del día anterior. En 1919 funda el equipo de atletismo de la Residencia y practica el boxeo amateur. Participa en un Campeonato de boxeo, en el que pierde por puntos. Muchas noches se emborrachaba. Aprendió a aguantar la bebida y frecuentaba los burdeles.
      En 1920 decide cambiar a Ciencias Naturales, disciplina por la que siempre había sentido una profunda afición... Durante casi dos años trabajó a las órdenes del famoso investigador y ortopterólogo Ignacio Bolívar, cuyo laboratorio en el Museo de Historia Natural se encontraba muy próximo a la Residencia. Durante ese tiempo le preparó numerosas preparaciones histológicas de insectos para don Santiago Ramón y Cajal. Lo que le hizo cambiar de carrera fue la lectura del libro La vida de los insectos del famoso entomólogo Jean-Henri Fabre. El 1 de noviembre montará Don Juan Tenorio de Zorrilla y en la que se reservará el papel protagonista.
Practicando el boxeo 
     En 1921 descubre Toledo. Se ve obligado a cumplir su servicio militar ingresando como soldado de cuota en el Primer Regimiento de Artillería Ligera (Cuartel de los Docks) que, por haberse cubierto de gloria en las guerras coloniales, estaba exento de ser destinado a Marruecos. Permanece en él durante 14 meses, pero, salvo cuando está de guardia, puede ausentarse para reunirse con sus amigos y examinarse. En abril sigue sin estar muy seguro de lo que quiere estudiar, e ingresa en la Escuela Central de Ingenieros industriales. Estará poco tiempo, pues en junio del año siguiente se estaba examinando de materias de Filosofía y Letras ya que, por consejo de Américo Castro,  quiere irse de lector de español al extranjero. Se licencia en 1924.[9]
     En 1922 sigue frecuentando diversas tertulias literarias, sobre todo las del Café Pombo que lleva Ramón Gómez de la Serna y la del Café Platerías de los ultraístas, ésta última de carácter anarquista.
     Todos los sábados, de nueve de la noche a una de la madrugada, Gómez de la Serna  reunía a su cenáculo en el "Café Pombo", a dos pasos de la Puerta del Sol. Yo no faltaba a ninguna de aquellas reuniones, en las que encontraba a la mayoría de mis amigos y a otros... Llegábamos, nos saludábamos, nos sentábamos, pedíamos de beber, casi siempre café y mucho agua... y se iniciaba una conversación errabunda, comentario literario de las últimas publicaciones, de las últimas lecturas, noticias políticas. Nos prestábamos libros y revistas extranjeras[10]...
     Durante la época de la Residencia  ...El movimiento al que yo, mas o menos, me asimilaba, se llamaba "los Ultraístas" y pretendía ser la vanguardia más adelantada de la expresión artística... El surrealismo aún no existía[11]. Pero hacia finales de 1923 el sarampión ultraísta estaba prácticamente liquidado.[12] Emancipándose de la inicial guía de Lorca, empieza a interesarse por la rama más anarquista del ultraísmo (Pedro Garfias).[13]
Orden de Toledo. Buñuel en el centro. Pepín izq.
     Los textos literarios que publica durante estos años so:
  • Una traición incalificable, Ultra, nº 23, Madrid, 1922
  • Instrumentación, Horizonte, nº 2, Madrid, 1922
  • Suburbios, Horizonte, nº 4, Madrid, 1923
  • Tragedias inadvertidas como temas de un teatro novísimo, Alfar, nº 26, La Coruña, 1923
  • Por que no uso reloj (cuento), Alfar nº 29, La Coruña, 1923
  • El ciego de las tortugas. En la revista Los ciegos. Revista Tyflófila Hispanoamericana
     Es su período de máxima atracción por el teatro de guiñol que comparte con sus amigos Chabás y Lorca. Frecuenta las representaciones para niños que en el parque del Retiro lleva a cabo Félix Malleu.
También funda la Orden de Toledo, que no es mas que otra “forma de pasárselo bien”. Durante este año y el siguiente sigue con parecidas actividades: asistencia a las tertulias y a disfrutar de la vida.
     Durante los siete años que Luis permanece en la Residencia de lo que se ocupa principalmente es de vivir, de disfrutar lo que el alegre Madrid de los años veinte podía ofrecerle y de ir tanteando sus aficiones artísticas.[14] Se afianzaron sus aficiones literarias y musicales. Se aficionó a una lectura masiva e indiscriminada: Soy un lector irregular y desordenado desde mi juventud.[15]
     Todos los contactos y amistades personales que mantuvo Buñuel durante estos años le produjeron una actitud interior de independencia. En su madurez definió aquella etapa como "falta de serenidad y llena de inmadurez, pero extraordinariamente fascinadora".[16]
     La defensa de Buñuel y de sus amigos de la Residencia de los valores antiartísticos (opuestos a los putrefactos) era consecuencia de su seguimiento y admiración de la revista francesa L´Esprit Nouveau...Esta sensibilidad explica también la admiración de Buñuel hacia el cine antiartístico de Hollywood [cine cómico: Buster Keaton, etc.] como forma industrial, tal como manifestaría en sus artículos cinematográficos...
Ramón Gómez de la Serna
     Esta valoración positiva de lo antiartístico, opuesto al sentimentalismo y esteticismo putrefactos, que se forjó en su juventud madrileña, se mantendría vigente a lo largo de toda su carrera, incluso cuando tuvo que abordar melodramas populares en el seno de estereotipos y rígidos convencionalismos...[17]
     La estancia en la Residencia configuró de tal modo la personalidad de Buñuel, Lorca y Dalí, que resulta imposible entender su obra si no se conoce la red de influencias e interferencias mutuas que suponen en esencia el sustrato de Un perro andaluz. En efecto Un perro andaluz se nutre de pleno derecho del ambiente de esta especie de colegio mayor universitario y su rotunda agresividad resulta de muy difícil explicación sin los antecedentes hispánicos de Dalí y Buñuel.[18] Esta película, como en cierto sentido también La edad de oro son un producto del imaginario generado en la jubilosa convivencia de la Residencia de Estudiantes, en cuya formalización desempeñó Pepín Bello un papel fundamental. El ojo y la mano cortados, por ejemplo, fueron topoi característicos del imaginario colectivo condensado en la Residencia de Estudiantes.[19]
     Algunos de los “juegos” que se practicaban en la “Resi” han sido trasvasados a sus películas: En Un perro andaluz la escena en que Pierre Batcheff aparece estirado en la cama, inmóvil, como muerto, y por tanto unos manteles que le dan un aspecto feminizado, es una probable alusión al fuego de “estar muerto” que practicaba Federico García Lorca, tumbándose completamente inmóvil en una cama ante sus amigos.
     Yo había instituido también lo que nosotros llamábamos "las mojaduras de primavera" y que consistía... en echar un cubo de agua a la cabeza de cualquiera. Alberti se habrá acordado de ellas al ver a Fernando Rey regar en el andén de una estación a Carole Bouquet en Ese oscuro objeto del deseo[20].
     Es durante su estancia en la Residencia que descubre algunas de las personas que más van a influir en su vida y obra:
·         Ramón Gómez de la Serna: Su fantasía y humorismo, el uso que hace de la metáfora y la atención que presta a los objetos en sus greguerías serán características que pasarán a la obra de Buñuel. “Buñuel apostó fuerte por Ramón que fue el autor del guión de su primer proyecto de película. Buñuel puede ser considerado el discípulo aventajado de Ramón que, a diferencia de otros miembros de su generación...nunca negó su magisterio...Seis años de continua asistencia al Pombo no deben ser echados en saco roto en absoluto.”[21] Será la primera persona a la que le pedirá su colaboración para la realización de un guión que no llegará a realizar: Caprichos.
Jean Henri Fabre
·         Federico García Lorca: Nuestra amistad, que fue profunda, data de nuestro primer encuentro. A pesar de que el contraste no podía ser mayor, entre el aragonés tosco y el andaluz refinado... casi siempre andábamos juntos... me leía sus poesías... Con su trato, fui transformándome poco a poco ante un mundo nuevo que él iba revelándome día tras día...Juntos, los dos solos o en compañía de otros, pasamos horas inolvidables. Lorca me hizo descubrir la poesía[22]...
De todos los seres vivos que he conocido, Federico es el primero. No hablo ni de su teatro ni de su poesía, hablo de él. La obra maestra era él. Me parece, incluso, difícil encontrar alguien semejante. Ya se pusiera al piano para interpretar a Chopin, ya improvisara una pantomima o una breve escena teatral, era irresistible... Tenía pasión, alegría, juventud. Era como una llama... Por la fuerza de nuestra amistad él me transformó, me hizo conocer otro mundo. Le debo más de cuanto podría expresar[23]...
·         Jean Henri Fabre. Entomólogo. He adorado los "Recuerdos entomológicos" de Fabre. Por la pasión de la observación, por el amor sin límites al ser vivo, este libro me parece inigualable, infinitamente superior a la Biblia. Durante mucho tiempo, dije que solamente me llevaría ese libro a una isla desierta. Hoy he cambiado de opinión: no me llevaría ningún libro[24].
 “La capacidad de observación de Fabre es...asombrosa. Sus libros son todo un programa de educación de la mirada, a partir del cual el ojo puede explorar la realidad de forma mucho más desprejuiciada y libre… Difícilmente podría tener un cineasta mejor educación del ojo. No es extraño que Buñuel dijera que había estudiado al protagonista de Él como a un insecto, como si de un mosquito anofeles se tratara: si se ha leído a Fabre se entienden muy bien sus palabras...
Sigmund Freud
Son innumerables los rasgos de sus personajes que se inspiran en esa especie de vasta “Comedia humana” de la Naturaleza que es la obra del entomólogo francés...[25]
·         Sigmund Freud: Otro personaje que empezó a leer en esta época y que influyó mucho en su cine fue Sigmund Freud: La lectura de Freud y el descubrimiento del inconsciente me aportaron mucho en mi juventud[26]...Puedo asegurar... que leí mucho de Freud, desde el veintitrés[27].
La concepción pansexualista de Freud facilitó al joven Buñuel una clave de interpretación muy de acuerdo con sus antiguas represiones y una superación intelectual de los "tabúes" que habían presidido parte de su infancia y adolescencia.[28]
     Mucho quedará en el Buñuel posterior de su paso por la Residencia pues como el mismo dice: Puedo asegurar, sin temor a equivocarme, que de no haber pasado por la Residencia mi vida hubiera sido muy diferente. [29]



[1] Luis Buñuel: Mi último suspiro.  Pág.:54
[2] Tomás Pérez Turrent y José de la Colina: Buñuel por Buñuel. Pág.:18
[3] Luis Buñuel: Mi último suspiro.  Pág.:67
[4] Agustín Sánchez Vidal: Buñuel, Lorca, Dalí: El enigma sin fin. Pág.: 34
[5] Agustín Sánchez Vidal: Buñuel, Lorca, Dalí: El enigma sin fin. Pág.: 42
[6] El director Alberto Jiménez Fraud se vio obligado a llamar la atención a Buñuel porque tenía en su mesa en una botella de vino pretendiendo hacerlo pasar por una medicina.
[7] John Baxter: Luis Buñuel. Pág.:
[8] Manuel Rodríguez Blanco: Luis Buñuel.  Pág.: 30
[9] Carlos Barbachano: Buñuel. Pág.: 32
[10] Luis Buñuel: Mi último suspiro.  Pág.:62
[11] Luis Buñuel: Mi último suspiro.  Pág.:76
[12] AA. VV. Las vanguardias artísticas en la historia del cine español. Pág.: 272
[13] Agustín Sánchez Vidal: Luis Buñuel (Cátedra). Pág.: 36
[14] Carlos Barbachano: Buñuel. Pág.: 33
[15] Manuel Alcalá: Buñuel (Cine e ideología). Pág.: 39
[16] Manuel Alcalá: Buñuel (Cine e ideología). Pág.: 42
[17] Román Gubern : El primer Buñuel... En: Obsesión es Buñuel. Pág.: 95
[18] Agustín Sánchez Vidal: Luis Buñuel (Cátedra). Pág.: 132
[19] Román Gubern: Proyector de luna. Pág.: 391
[20] Luis Buñuel: Mi último suspiro.  Pág.:67
[21] Agustín Sánchez Vidal: Buñuel, Lorca, Dalí: El enigma sin fin. Pág.: 106
[22] Luis Buñuel: Mi último suspiro.  Pág.:64
[23] Luis Buñuel: Mi último suspiro.  Pág.:154
[24] Luis Buñuel: Mi último suspiro.  Pág.:210
[25] Agustín Sánchez Vidal: El mundo de Luis Buñuel. Pág.:99
[26] Luis Buñuel: Mi último suspiro.  Pág.:222
[27] Max Aub: Conversaciones con Buñuel. Pág.:158
[28] Manuel Alcalá: Buñuel (Cine e ideología). Pág.: 127
[29] Luis Buñuel: Mi último suspiro.  Pág.:54

sábado, 23 de noviembre de 2013

Buñuel visto por (8) . . . Carlos Saura

Carlos Saura es aragonés y director de cine como Buñuel. El maestro le tenía mucho aprecio.  Quiero mucho y creo en Carlos Saura, aunque es un poco alemán. A veces le digo que no tiene sentido del humor sino de la broma[1].Cuando dejó Simón del desierto inconclusa, propuso a Carlos Saura para que la continuase; y en el contrato de La vía láctea, dado que Buñuel tenía 68 años y siempre temía que alguna enfermedad interrumpiese el rodaje, puso una cláusula que preveía que si eso llegaba a suceder, el continuador de la película sería Carlos Saura.[2]
Añadamos a todo esto que las observaciones que sobre Buñuel hace Saura, son las propias de una persona muy observadora y que le ha conocido muy bien:

Buñuel, Saura y Berlanga. Hoz de Huécar. Cuenca. 1960
Fue en el festival de Cannes de 1960 cuando nos encontramos por primera vez…Me dio la impresión de que era alguien a quien conocía bien, un amigo, quizá un familiar que volvía de América, un indiano curtido por la intemperie: con rostro de campesino…, ojos saltones, fornido y un cuello de toro que le obliga a girar el cuerpo para volverse.[3] Entonces llevaba un frondoso bigote que desapareció más tarde, devorado seguramente por al­guna de las arañas que él tanto temía y respetaba. No sé por qué esa estruc­tura física se repite a lo largo de la historia en determinados individuos de nuestro país, que parecen salidos de la tierra, y en cuya mirada está ya la voluntad de hacer lo que quieren. [4]
En 1960 vino a España para hacer Viridiana: Yo lo veía muy preocupado; creo que la responsabilidad que tenía era tremenda: por un lado, tenía que hacer en su país una pelí­cula con la que deseaba quedar bien, pero también con los exiliados o, si se prefiere, internacionalmente…Estoy seguro de que Luis se pasaba el día reflexionando sobre su película. Dormía pocas horas, se levantaba a las cinco de la mañana, pese a que bebía hasta avanzada la noche. Ahora bien, no creo que lo hiciera durante los rodajes. Estaba siempre lúcido y obsesionado por su trabajo, era también muy orde­nado. Más aún, alguna vez en París debíamos acortar nues­tra velada porque al día siguiente trabajaba. Alguien podrá pensar que era un anarquista, un surrealista más, pero tenía actitudes verdaderamente normales, en absoluto era icono­clasta, capaz de llevar pajarita en un lujoso restaurante o de aceptar sin reparos ni protestas las deficiencias culinarias de otro más humilde, como La Barraca, de la calle Infantas, en Madrid. En fin, era una persona perfectamente integrada en la sociedad. Su imaginación iba por otro lado, es decir, en este sentido fue un rebelde, un anarquista fantástico y un creativo. Y me interesa más ese personaje, un personaje con una especie de doble vida. Porque realmente un surre­alista tendría que ser así. [5]
Ayllón, Chinchón, 1962. C. Saura derecha. A. Saura Izq.
Le gustaba comer y beber con los amigos, y su conversación era amena y ocurrente; conversador de los de an­tes, de tertulia, comentando lo di­vino y lo humano, siempre con su sorna aragonesa y ese surrealismo del que tanto se ha hablado, que no era otra cosa, en mi opinión, que una constante de su personalidad con brotes anarquistas y un agresividad juvenil y provocadora. Sus rápidas salidas tenían una gracia especial. Romper el orden establecido, la norma aceptada, el compromiso adquirido por el arti­ficio de las leyes le divertía, pero al mismo tiempo conformaba una postura ética contra la mojigatería y el conformismo.
Yo viví la pertinaz búsqueda de su pasado por las calles de Madrid y de Toledo, y de cómo el recuerdo afloraba sin cesar. Al mismo tiem­po fui testigo de su tristeza al ver como tantas cosas habían desapa­recido o se habían transformado. [6]
Trotador incansable, callejero, observador meticuloso, hombre sociable a la usanza de una España para nosotros desconoci­da; la España de las peñas de café, peñas inte­lectuales, conferencias que promovían grandes es­cándalos en los círculos literarios e intelectuales de la capital de España. Este es Luis Buñuel, desconcertante, caviloso, buen amigo, observador ingenioso y, sobre todo, hombre irracional.[7]
El Buñuel que yo he conocido defendía con pasión sus convicciones pero no era violento, al contrario, sino extremadamente respetuoso con las normas sociales imperantes y él, que en sus películas despotricaba de todo, casi siempre con humor, era conservador de puertas a dentro, con un concepto de la familia que rayaba en lo puritano. No es que se desdoblara en dos, ni fuera un varón desmedido, su cine, como expresión de sus ideas, reflejaba su certero, a veces cruel, y siempre ético, punto de vista sobre el ser humano: respeto por la integridad moral más allá de las convenciones sociales y religiosas, y respeto por los sentimientos, o mejor dicho por los sentimientos apasionados, huyendo del sentimentalismo, esa lacra que impregna la mayor parte de nuestros relatos y películas…
Lleva sus contradicciones a reflejarse en Fernando Rey (Viridiana y Tristana)…Su concepción de la mujer no llega mucho más allá de aquella de “con la pata quebrada y en casa”, él, tan avanzado y tan retrógrado, y al mismo tiempo tan aragonés y tan universal. Con humor, un humor un poco especial, el de su tierra, se reía de sí mismo y del personaje que Fernando Rey interpretaba con tanta convicción…[8]
C. Saura (director) Buñuel (actor) Llanto por un bandido
Me acuerdo de que siempre echábamos un pulso…Conmigo si hablaba mucho de política. Pero para hablar de casos concretos había que entrar mucho en Luis, porque era un hombre que había pasado por muchas vicisitudes tanto en la guerra, como en el exilio y estaba un poquitín desencantado de muchas cosas…Yo lo veo más como un anarquista que como un comunista…En todo caso, lo que está claro es que él era mucho más un anarquista de cabeza que de hecho…era un hombre cumplidor con todas las normas sociales de este país y jamás se las saltó, más bien al contrario. Hay una cosa que ya he contado muchas veces. Él me invitó a mí a un restaurante, no me acuerdo a cuál, uno muy importante de aquí, de Madrid. Yo siempre voy sin corbata y él iba siempre con pajarita. A la entrada del restaurante vino un señor a ofre­cerme un montón de corbatas para que eligiera una y me la pusiera. Y yo le dije que no me la ponía. Luis quería que me la pusiera, pero yo le contesté: "No, Luis, por encima de mi ca­dáver, lo siento mucho, pero no me la pongo". Y él insistió: "Es que donde vayas tienes que hacer lo que vieres, y si hay que llevar corbata, pues se la pone uno". Cuando salimos a la ca­lle, yo estaba tan pancho y Luis estaba muy cabreado, pero, de repente, me dio un abrazo y me dijo: "Está muy bien lo que has hecho".
Encuentro Carlos Saua y Luis Buñuel
En general, sí es cierto que no aceptaba mujeres [en las comidas], pero yo se lo imponía. Cuando me invitaba a comer, yo le decía: "Llevo a Geraldine". Y él: "¡No, que no quiero a mujeres". Pero Geraldine venía. Aunque, yo, por ejemplo, cuando he comido con Buñuel, jamás he comido con Conchita. Él era así, un poco complicado, no era tan sencillo como parece…
…A él le gustaban mucho las peñas, le gustaba mucho ir a los cafés, por ejemplo. Yo en ese tipo de reuniones no me siento bien, prefe­ría estar con él más en privado. Pero él era un hombre muy inteligente y quería rodearse de gentes de diversas formas de pensar, incluso en algún momento fuimos a comer a Botín con varios directores españoles, porque quería conocerlos.
Era una maravillosa persona…Nos reíamos mucho los dos. Siempre lo hemos pasado muy bien, lo que pasa es que siempre hemos terminado un poco medio borrachos, empezábamos a comer  y a beber y nos daban las tantas de la tarde. Quedábamos a la una y nos íbamos a las siete o las ocho de la noche.[9]
Siempre fue muy afectuoso conmigo. Sin ánimo de molestar a nadie, creo que de alguna manera me consideraba su hijo, el sentido cinematográfico de la palabra. Mantenía conmigo una relación estrecha, intelectualmente más estrecha que la que tuvo con sus propios hijos. [10]
En sus últimos años añoraba la vida conventual, y se refugiaba para trabajar en lugares solitarios y silenciosos, huyendo del munda­nal ruido, o quizá añorando el "ruido de los pensamientos", que dijera san Juan de la Cruz. "Si yo me muero ahora, pues nada, bien, ya he vivido lo suficiente, sería ho­rrible ser inmortal", me decía. Pero compensaba esos retiros místicos con comidas regadas con, vino blanco de Yepes y tinto de Rioja, y charlas con sus amigos, charlas interminables, maravillo­sas conversaciones de una perso­na que ha vivido con pasión una época de intensos cambios, convulsiones sociales, movimientos artísticos y descubrimientos cien­tíficos que han marcado definiti­vamente este siglo.[11]
Echando un pulso México. 1982
Buñuel tendía un puente des­de el pasado literario español -Gracián, Quevedo, Cervantes, Calderón (en donde ya estaba pre­sente una concepción más amplia de la realidad)- hasta un presente en donde el universo de la imagi­nación -sueños, pesadillas y aluci­naciones- se entremezclaba con imágenes cotidianas Es allí donde Buñuel se movía con una soltura envidiable y donde radicaba su modernidad.[12]
Es la parte inconformista, rebelde, lo que liga la obra de Buñuel a unas constantes pe­culiares en nuestro país, y así su cine es hirien­te, molesto, con un humor campeando de difícil definición. ¿Humor negro? No me atrevo a afir­mar tanto. A veces es sutil, otras descarnado y directo. No es humor de "gags" prefabricados, sino toda una personal visión de interpretar la vida y el hombre: una moral. No se puede ha­blar de Luis Buñuel, como tanto se hace, inter­pretando su obra como inmoral o amoral, por­que ello sería negar la esencia misma que las mantiene vivas: el individuo, enfrentado con sus problemas más epidérmicos y al mismo tiempo más esenciales: el sexo, la religión, el recuerdo. [13]
Ahora otra generación, la actual, tiene la oportunidad de ver la obra de Buñuel. Si tuviera la ocasión les diría a los más jóvenes que vieran sus pelí­culas no como un hito cultural, ni como la obra del santón entronizado bajo palio, sino como la obra de un hombre honesto, vital, poderoso y sensible a la vez, que supo rescatar del páramo viejas y siempre nuevas ideas, que se enfrentó con los tópicos, que utilizó la imaginación como el arma poderosa que es, dándole vuelos que alcanzaron alturas difíciles de alcanzar. Ese buceador de nuestras profundidades, nos mostró el camino de un cine renovador y personal, que desgraciadamente olvidamos con demasiada frecuencia.[14]



[1] Juan Cobos: Entrevista con Luis Buñuel. Griffith, nº. 1. Junio de 1965.Pág.:415
[2] AA. VV.: Testimonios sobre Luis Buñuel En: Turia, nº 28-29. Pág.: 203
[3] Carlos Saura: Buñuel. El gran provocador, El País, suplemento El espectador. Nº 74, 20 febrero 2000, pág. 1
[4] Carlos Saura: Mi encuentro con Luis Buñuel, ABC Cultural, nº 419, 5 febrero 2000, pág, 18
[5] Enrique Camacho y Manuel Rodríguez Blanco: Carlos Saura, Buñuel 100 años. Prohibido asomarse al interior. 2000, págs. 195-203
[6] Carlos Saura: Buñuel. El gran provocador, El País, suplemento El espectador. Nº 74, 20 febrero 2000, pág. 11
[7] Carlos Saura: Buñuel, Nuestro Cine, nº 16, enero 1963, págs. 15-17.
[8] Carlos Saura: Recuerdos en presente, Heraldo de Aragón, Suplemento especial Luis Buñuel, 22 febrero 2000, pág. 5-6
[9] Marisol Carnicero y Daniel Sánchez Salas: En torno a Buñuel, Cuadernos de la Academia, hnº 7-8, 2000, págs. 525-37
[10] Enrique Camacho y Manuel Rodríguez Blanco: Carlos Saura, Buñuel 100 años. Prohibido asomarse al interior. 2000, págs. 195-203
[11] Carlos Saura: Buñuel. El gran provocador, El País, suplemento El espectador. Nº 74, 20 febrero 2000, pág. 11
[12] Carlos Saura: Buñuel. El gran provocador, El País, suplemento El espectador. Nº 74, 20 febrero 2000, pág. 10
[13] Carlos Saura: Buñuel, Nuestro Cine, nº 16, enero 1963, págs. 15-17.
[14] Carlos Saura: Mi encuentro con Luis Buñuel, ABC Cultural, nº 419, 5 febrero 2000, pág, 19

miércoles, 20 de noviembre de 2013

El bestiario de Luis Buñuel (2)

     Tal y como dijimos en este segundo y último post sobre el BESTIARIO de Buñuel vamos a hablar de las arañas e insectos.
     Buñuel sentía una mezcla de repulsión y fascinación hacia las arañas:
Todos los hermanos hemos amado y respetado todo aquello que vive, aunque sólo sea vegetal...Hay una excepción. Las arañas. Horrendos y pavorosos monstruos que en cualquier momento pueden privarnos de la alegría de vivir. Una extraña morbosidad “buñuelesca” hace que sean el tema principal de nuestras conversaciones familiares. Nuestros relatos sobre las arañas son fabulosos[1]...”
...A las arañas las admiro, pero me repugnan... Sólo de noche. De día, no[2]... Tengo miedo a las arañas. Toda mi familia lo tiene. Esos bichos me horrorizan, pero también me atraen mucho. Conozco bastante sus costumbres[3].
La migala de Susana
En su casa de México no tenía cortinas ni nada donde pudieran ocultarse. Pepín Bello dice que “el miedo infantil a las arañas, le llevaba a ir de noche por medio de las aceras por si le asaltaban”.[4] Y aunque parezca un contrasentido “en Hollywood llegó a coleccionar arañas indígenas, extremadamente venenosas y devoradoras de sus machos, conocidas como viudas negras.[5]
     Los insectos son un punto y aparte para Buñuel: ... Lo que más me ha gustado, me sigue gustando y me continúa pareciendo un misterio extraordinario son los insectos. Puedo ver una mosca durante no sé cuanto tiempo. Y lo que es un escarabajo, me pasaría horas mirándole... Para mí es el misterio de la vida. Lo incomprensible. Lo que está más allá[6].
...Empecé leyendo los maravillosos libros de Fabre. Me apasiona la vida de los insectos. Allí está todo Shakespeare y Sade[7].
Sin el permiso de mi padre, me matriculé como alumno del conocido entomólogo Dr. Bolívar, director del Museo de Historia Natural de Madrid, en 1920...Trabajé con interés durante más de un año, aunque pronto llegué a la conclusión de que me sentía más interesado en la vida y literatura de los insectos que en su anatonomía, fisiología y clasificación.[8]
“El amor que cobró por los insectos durante sus trabajos con el profesor Bolívar se refleja en todos sus filmes...Buñuel ha utilizado los insectos en el cine como fuerza de choque puramente visual, o como elemento de transición o ligazón de secuencias, queriendo apenas crear un contrapunto con el conflicto de los protagonistas, para recordar al espectador que hay otras aventuras al margen de las que vemos en nuestro plano visual. Por eso los insectos en Buñuel no son sólo imágenes simbólicas de estados de espíritu desequilibrados, sino que muchas veces aparecen en visión objetiva, con un gesto de curiosidad y hasta de cariño.”[9]
Los insectos y arácnidos aparecen en multitud de sus películas:
·         Un perro andaluz: hormigas en la mano, la mariposa con la calavera. El documental sobre el mosquito. Los insectos que rodean las cabezas de los personajes al final.
·         La edad de oro: el documental de los escorpiones. Las moscas en la cara de uno de los burgueses y el escarabajo aplastado.
El fantasma de la libertad
·         Susana: la araña del comienzo y que provoca su salvación. El hijo del dueño del rancho es entomólogo y muestra su caja de insectos.
·         Abismos de pasión: Eduardo diseca una mariposa todavía viva. En otra escena Ricardo atrapa una mosca y la echa en la red de telaraña y el arácnido se la come. Buñuel utiliza esta secuencia para mostrar el comportamiento de sus personajes como insectos.
·         Ensayo de un crimen: el saltamontes que “acaricia” el protagonista con el bastón.
·         Viridiana: don Jaime salva a una abeja de morir ahogada. En la casa abandonada abundan las arañas.
·         Simón del desierto: la madre de Simón tapa dos hormigueros y las hormigas vagan de un lugar a otro.
·         La joven: se estudia el comportamiento de la abeja en varias escenas.
·         Tierra sin pan: las abejas de una colmena destrozada rodean un burro. Las moscas sobre la cara de los campesinos.
·         Diario de una camarera: el viejo fetichista prueba su puntería disparando a una mariposa.
·         El fantasma de la libertad: una clavada sirve de pieza de colección del burgués ocioso.
·         La muerte en este jardín: las moscas devoran una serpiente.
·         Robinson Crusoe: la hormiga-león en la mano del protagonista (en realidad en la de Luis Buñuel).
      Buñuel estudia a veces a sus personajes como si fueran insectos. Un caso ejemplar es el protagonista de Él.
     Para terminar con el bestiario, vamos a ver algunos casos de lo qué intenta representar Buñuel con los animales:
a) Una metamorfosis: en Un perro andaluz, por medio de una metáfora las hormigas en la palma de la mano, hacen referencia al hormigueo. De esta simple metáfora se pasa a otros usos más complejos, uno humano y otro animal: los escorpiones encadenan con los arzobispos en La edad de oro. Tendríamos aquí una aplicación del montaje de atracciones, utilizado en los films soviéticos. En el límite, algunos films enteros funcionan según este procedimiento, como El ángel exterminador, donde los corderos “simbolizan” la clase burguesa que va al matadero, o El fantasma de la libertad que termina en un zoo en una masacre oída en off, alegoría de la revolución.
Abismos de pasión
b) La hipocresía del ser humano: En El fantasma de la libertad, un personaje dice: “Yo creo que los cerdos que maltratan a los animales, habría que tirarlos al mar con una piedra al cuello, como dice el evangelio...”El que pronuncia estas bellas palabras es el mismo que va a matar a  las personas desde lo alto  de la Tour Montparnasse. Y en El discreto encanto de la burguesía, se habla de un señor que ama mucho los perros grandes..., que era un antiguo nazi.
c) La muerte: Las imágenes de sacrificio de animales son particularmente numerosas en los films surrealistas, sobre todo en los de Buñuel. Se degüella un cordero en Viridiana, El ángel exterminador; se despelleja un conejo en La joven, se masacran gallinas en Los olvidados...

c) La blasfemia, la mancillación: El sacrificio del cordero en El ángel exterminador, no se comprende mas que por su relación con la simbología bíblica. La referencia a la eucaristía es por otra parte sobreentendida, pero evidente.
El “bestiario de Cristo” está muy presente en el cine de los surrealistas. En Los olvidados, es el gallo, el de la traición a San Pedro, que puntúa con su canto el film, como para anunciar las catástrofes que van a ocurrir; se vuelve a encontrar en Viridiana, en el momento en que la mendiga levanta su falda para hacer la foto. En Simón del desierto es el Buen Pastor el que aparece en medio de los corderos: los corderos recuerdan a la multitud sumisa que viene a rezarle al santo.
En Viridiana, es una paloma la que es sacrificada.
d) Nostalgias maternales y nutricionales: Habría que citar aquí todos los animales hembras capaces de dar de mamar. Son numerosos en Buñuel, sobre todo en Los olvidados: los jóvenes de este film viven con las cabras, beben la leche de las burras directamente de la ubre, la niña se cubre las piernas de leche...nada extraño ya que están privados los unos y otros de los afectos de una madre.
e)La carroña: Las carroñas jalonan los films de los surrealistas como signos de la pulsión de la muerte...Unos insectos devorando una carroña de animal: esta imagen parece haber obsesionado a los surrealistas en sus comienzos. En Un perro andaluz, se ve, en el plano final, un enjambre de insectos devorar la cabeza de los personajes enterrados hasta el cuello.
Las moscas reaparecen en La edad de oro, se lanzan sobre la cabeza del burgués durante la recepción (¿no son  cadáveres a fin de cuentas?); y luego en Tierra sin pan sobre la cara de los campesinos miserables, tan débiles que no tienen fuerza ni para apartarlas.
Ensayo de un crimen

Las hormigas, en Simón del desierto: la madre del santo hunde la mano en un hormiguero.
f) El bestiario de angustia: Con gran intuición, los surrealistas han comprendido que no eran  las grandes bestias las que inspiran en el hombre más horror y fascinación, sino más bien esos seres oscuros, más pequeños y más viejos que él: los insectos y también moluscos, crustáceos, etc...Henos aquí ante el más bullicioso capítulo de este bestiario: hormigas, moscas, escorpiones, arañas, abejas, mariposas, cangrejos, erizos...



[1] Conchita Buñuel en: J. Francisco Aranda: Luis Buñuel. Pág.:29
[2] Max Aub: Conversaciones con Buñuel. Pág.:78
[3] Tomás Pérez Turrent y José de la Colina: Buñuel por Buñuel. Pág.:16
[4] Agustín Sánchez Vidal: Buñuel, Lorca, Dalí: El enigma sin fin. Pág.: 59
[5] José Rubia Barcia: Con Luis Buñuel en Hollywood y después. Pág.: 12
[6] Luis Buñuel: Obra literaria. Pág.:50
[7] Tomás Pérez Turrent y José de la Colina: Buñuel por Buñuel. Pág.:16
[8] Autobiografía de Luis Buñuel. Escrita en 1939. ¿Buñuel! La mirada del siglo.  Pág.:285
[9] J. Francisco Aranda: Luis Buñuel. Pág.:38