jueves, 31 de julio de 2014

Las dos Conchitas de Ese oscuro objeto del deseo (1977)

Luis Buñuel hizo que el personaje de Conchita, en la película Ese oscuro objeto del deseo (Cet obscur objet du désir, 1977) fuese interpretado por dos actrices, Ángela Molina y Carole Bouquet, algo totalmente inusual. ¿Cuál fue la causa?
Esta foto de las dos Conchitas, parece estar hecha
para confundir al espectador
Buñuel dijo que fue por necesidad. Yo había pensado que María Schneider estaría bien en el papel. No es una belleza deslum­brante y eso convenía, porque haría más mis­terioso el atractivo que Fernando Rey debía sentir por ella. Creo que la muchacha está bien en otras películas, pero en la mía no nos enten­díamos. Teníamos que repetir una toma tras otra, a veces tratándose de las escenas más fáciles, más simples. Finalmente tuve que de­cirle a Silberman: «Me he equivocado con esta chica. No me sirve para el papel.» Silberman estaba desolado y no encontrábamos la solu­ción. Era grave, porque la filmación había cos­tado ya mucho dinero. Entonces se me ocurrió decir: «Podríamos emplear a dos actrices...» Inmediatamente después de haberlo dicho, me pareció una tontería. Pero a Silberman le pare­ció magnífico. «No, Silberman, lo he dicho sin pensar.» «Pero me parece muy bien, lo acepto.» Así es que ya ven ustedes cómo eso que parece tan misterioso tiene explicación.[1]

domingo, 27 de julio de 2014

La adaptación cinematográfica de Robinson Crusoe

La película que Buñuel rodó en 1952 parte de la novela que, con el mismo título, publicó Daniel Defoe en 1719[1]. Siendo como es una película barata, como todas las mexicanas del realizador, es normal que haya hecho una adaptación bastante drástica: no se ve ningún barco, ni efectos especiales de la tempestad, etc. También ha eliminado toda la parte inicial y final de la novela que se desarrollaba en Londres, el mar, etc. La película comienza, prácticamente, con la llegada del Robinson a la isla.
En la novela de Defoe, el episodio del náufrago y de la isla desierta no representa sino una parte de un relato que abarca la vida entera de un hombre (el náufrago regresa a Inglaterra, se establece, se aburre, vuelve a la isla, implanta ahí el cristianismo y vuelve a su país natal dando la vuelta al mundo). Buñuel tuvo pues que escoger, y no solamente entre los acontecimientos del libro, sino también entre los temas. Así, ilustró bastante sucintamente todo el aspecto manual y material de la readaptación del náufrago, sobre el que Defoe ponía un acento particularmente preciso y detallado...Los estados sucesivos de su evolución son incuestionablemente marcados (de la soledad rebelde a la soledad confortable, pasando por la angustia metafísica y la resignación; de la dominación desconfiada  a la fraternidad)...[2]
Siendo como es que se tomó muchas libertades con la adaptación, consiguió a pesar de todo:
·         Dar la impresión de haberse mantenido bastante fiel al espíritu original de la obra.
·         Conseguir una obra con un toque muy personal.

miércoles, 23 de julio de 2014

Robinson Crusoe, 1952

Según Francisco García Lorca, “uno de los personajes que Luis tenía constantemente en la cabeza durante los años veinte era Robinson”.[1] Todo en Buñuel tiene raíces muy viejas.
Aunque la novela en sí no me atraía, el caso mismo de Robinson sí me resultaba interesante: el naufragio, la supervivencia en la isla, la lucha con la naturaleza, la soledad, la aparición de otro hombre, un salvaje... [2]
Robinson, como las demás me la encargaron… acepté porque hay en él algo puro. Primero es el hombre frente  a la naturaleza, no hay romance, ni escenas de amor fáciles, ni serial, ni intriga complicada. Es simplemente un tío que llega, se encuentra sólo frente a la naturaleza y debe alimentarse. Me gustó el tema, acepté e intenté hacer cosas que hubieran podido ser interesantes. Creo que quedan todavía algunas porque cortaron trozos surrealistas e incomprensibles según decían... Hice la película como pude, queriendo mostrar sobre todo la soledad del hombre, la angustia del hombre sin la compañía humana. Quise tratar también el tema del amor o de amistad: el hombre sin la compañía del hombre o de la mujer. A pesar de todo creo que incluso con los cortes, las relaciones de Robinson y de Viernes son bastante claras: las de la raza "superior" anglosajona con la raza "inferior" negra. Es decir que en un principio Robinson no se fía, imbuido  de su superioridad, pero al final llegan a la gran fraternidad humana... ¡Vuelven a sentirse orgullosos de ser hombres! Espero que esta intención se note[3].

domingo, 20 de julio de 2014

Las mujeres en la vida de Luis Buñuel:Sus amores II (1925-1946)

Buñuel se marcha a París en 1925. Aunque pueda parecernos extraño, el futuro creador de Un perro andaluz, (Un Chien andalou, 1929) y La Edad de oro (L'âge d'or, 1930), está un tanto escandalizado del comportamiento de las mujeres parisinas, tan diferente al de las españolas de la época. Hemos de recordar que Buñuel era muy conservador para determinadas cuestiones. No obstante pronto conocerá a la que llegará a ser su mujer.

Jeanne Rucar (1908-1994)

Al poco de llegar a París (1925) conoció Luis a Jeanne, que estaba con unas amigas, en el estudio del pintor Joaquín Peinado. Buñuel pensó que eran prostitutas y Peinado tuvo que convencerlo de lo contrario. A partir de entonces empezó a cortejarla. Era joven, deportista con medalla olímpica y muy guapa. Cuando empezó a salir con Jeanne todavía no había roto con Concha Méndez.
Jeanne y Luis de novios
Jeanne  relata en Memorias de una mujer sin piano que para ella el encuentro con Luis supuso un auténtico coup de foudre. El aragonés fornido y mandón, que le llevaba ocho años, le parecía muy guapo y carismático... y no hubo manera de resistir sus atenciones, insistentes desde el primer momento.[9]
Se veían una o dos veces por semana. Una de las primeras cosas que hizo Buñuel fue prohibirle que siguiera practicando la gimnasia “porque mostraba las piernas”. También le prohibió practicar el piano, probablemente para que no viera más al profesor que según parece era atractivo. Eran los síntomas del celoso español que formaban parte de la personalidad del futuro realizador. Tan celoso era ya que cuando viajaba para España le decía a su madre que no debía salir, salvo con algún amigo de su confianza.
“Luis iba a Estados Unidos, yo lo esperaba. Luis iba a España, yo lo esperaba. Siempre hemos sido muy amigos, así siempre. No hubo líos. Ha sido un caso muy raro.”[10]
Se hicieron novios y en 1934 Jeanne se queda embarazada. Por sus cartas se deduce que Buñuel no sabía lo que hacer. Apenas contestaba y dilataba la respuesta. Es posible que la causa de todas esas dudas se llamase Josefina de la Torre. Su hermana Conchita le presiona y al final se casan, tras ocho años de noviazgo y sin invitar a los padres. Como hombre celoso, sus amigos la veían poco, parecía como si la escondiera.

miércoles, 16 de julio de 2014

Las mujeres en la vida de Luis Buñuel:Sus amores I (1900-1924)

Hoy vamos a hablar de un tema no tratado hasta ahora en este blog: Las mujeres en la vida de Luis Buñuel. Ya advierto desde el principio que no voy a hacer mención ni de su madre ni de sus hermanas, sino de sus amores.
Él decía que era tímido con las mujeres, que no servía como don Juan. A lo mejor es por eso que en su juventud le gustaba mucho frecuentar las casas de prostitutas. Solía decir que las de Madrid eran las mejores del mundo.
Postal que envió
Buñuel a Carmen

(Eduardo Laborda)
En esta relación de mujeres que han pasado por la vida de Luis Buñuel, vamos a hacer mención en primer lugar, más bien como curiosidad, por algunos nombres relacionados con su niñez: Carmen Sampietro e Isabel Matutano.

Carmen Sampietro

Era hija del doctor Sampietro, y fue “mi inolvidable amiga de infancia”. Vivían sus familias en la calle del Coso en un edificio que contó con uno de los primeros ascensores de Zaragoza. Fue, efectivamente, en la casa de unos familiares de Carmen, cuya ventana de la cocina daba al Palacio de la Ilusión, el cine de la calle Estébanes, donde a través de una verja veían “abrazados” las películas de cine mudo. Una vez, como ha contado Isabel Comps en la revista Pasarela y el propio Buñuel, se quedaron encerrados y se pusieron a gritar hasta que los oyeron y los sacaron de allí. Buñuel jamás olvidaría a Carmen: le mandó una fotografía dedicada (que posee el pintor y coleccionista Eduardo Laborda) en la que le decía: Aún muy jovencita fuiste tú la primera persona que me produjo las primeras emociones musicales. Recuerdo que tenías las partituras a piano de distintas óperas: Carmen, Fausto, etc. ¡Adiós a aquellos años! Pero no aún a esta vida. Tu fiel L B.[1] Mantuvieron su amistad durante toda la vida.

domingo, 13 de julio de 2014

El bruto, 1952

El Bruto hubiera podido ser una película buena, el guión hecho por Alcoriza y por mí era muy interesante, pero me lo hicieron cambiar por completo, de arriba abajo. Ahora es una película más, regular[1].
Luis Alcoriza me trajo una idea sobre un viejo, propietario de un edificio alquilado, que quería expulsar a sus inquilinos para hacer un negocio. Estos se organizaban en su propia defensa y el propietario, para reprimirlos, uti­lizaba a un «hombre de mano», un hombre muy fuerte y muy bruto…Lo que añadí fue el personaje del padre del propietario y también una escena entre Katy Jurado y un gallo, que improvisé durante el rodaje. [2]
La película es como es. No sé si quería o no hacer un melodrama. Las cosas fueron surgiendo. Yo tenía un idea central: el propietario exigente, los inquilinos que se oponen, el "hombre de mano" que lo mismo puede ser un boxeador que un matarife. Las cosas se complican porque "El Bruto" tiene amores con la hija de un hombre asesinado por él, y además ha tenido relaciones con la amante del propietario, que se pone celosa. ¿Melodrama? Pues me da igual. En el momento de realizar la película no me dije: "Voy a hacer un melodrama."[3]

jueves, 10 de julio de 2014

Si usted no puede, yo sí (1950)

 Si   usted no puede, yo sí, es el título del guión que en 1950 escribieron Luis Buñuel y el matrimonio  Alcoriza y que Julián Soler llevó a la pantalla ese mismo año con el mismo título. Buñuel ya había trabajado con Luis y Janet Alcoriza para El gran Calavera (1949).
Buñuel acababa de rodar Los olvidados, aunque todavía no se había estrenado y estaba en una situación en la que tenía que hacerse un hueco dentro de la industria del cine mexicana. En este contexto se produjo la escritura de este guión y la realización de sus dos siguientes películas con Fernando Soler: Susana (1950) y La hija del engaño (1951). Si nos olvidamos de este guión, todos los que escribió Buñuel a lo largo de su carrera han sido siempre con la finalidad de filmarlos. Si esto no ha ocurrido con algunos de ellos (El monje, Là-bas, por ejemplo), es porque el desistió de hacerlo. Él nunca escribió un guión por escribir, porque a él le costaba trabajo hacerlo y de hecho siempre ha buscado algún colaborador para redactar los guiones de sus películas, lo que nos debería llevar a pensar en cuál pudo ser el origen de este guión. Debió ser un encargo y lo más probable por parte de Oscar Dancigers, el productor de sus tres anteriores películas y de las dos siguientes. ¿Pero fue el encargo para que él la dirigiera? Algunos opinan que no quiso dirigirla. Está claro que su siguiente película Susana le atraería mucho más ya que podía introducir muchas cosas de su mundo personal.

domingo, 6 de julio de 2014

El deseo en el cine de Luis Buñuel

Este es el post nº 100 y para este momento hemos reservado un tema que vertebra toda la obra de Buñuel: el deseo
En mi adolescencia ... nada podía calmar una curiosidad sexual impaciente y un deseo permanente, obsesivo... La más excelsa virtud, nos decían, es la castidad. Ella es indispensable para una vida digna. Las durísimas batallas del instinto contra la castidad, aunque no pasaran de simples pensamientos, nos daban una abrumadora sensación de culpabilidad... [1]
Un perro andaluz: desde su primera película
el deseo está presente en toda su filmografía
... La prohibición de toda relación sexual extramatrimonial (y aún gracias si te toleran las otras), la exclusión de toda imagen y toda palabra que, aun de lejos, pudiera relacionarse con el acto del amor, todo ello contribuía a robustecer extraordinariamente el deseo. Cuando, a despecho de todas las prohibiciones, ese deseo podía ser satisfecho, el placer físico era incomparable, pues siempre se asociaba a él ese goce secreto del pecado...[2]
... Desde los catorce años hasta estos últimos tiempos, el deseo sexual no me ha abandonado jamás. Un deseo poderoso, cotidiano, más exigente incluso que el hambre, más difícil a menudo de satisfacer. Apenas tenía un momento de descanso, apenas me sentaba, por ejemplo, en un compartimento de tren, cuando me envolvían innumerables imágenes eróticas. Imposible resistir a este deseo, dominarlo, olvidarlo. No podía sino ceder a él. Después de lo cual, volvía a experimentarlo, todavía con más fuerza.[3]
Reconozco que el mundo de mis películas tiene el tema del deseo, y como no soy homosexual, el deseo toma naturalmente la forma de la mujer. Soy como Robinson cuando ve el espantapájaros vestido con ropas femeninas[4].

miércoles, 2 de julio de 2014

El cine instrumento de poesía

 El cine instrumento de poesía, es el título de una conferencia que Luis Buñuel expuso en 1953 en la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México). Con el paso de los años el texto de esta conferencia ha adquirido una gran importancia, ya que es el que mejor refleja  su visión del cine. De ahí la importancia de su conocimiento para todo aquel que quiera comprender mejor la obra del realizador, finalidad de este blog, y el motivo por el cual está hoy aquí.
Su contenido ha sido reproducido en diversas publicaciones y en Internet, pero aquí la presentamos comentada y en lo que abarca  mi conocimiento es la primera en ese sentido.
El texto de esta conferencia fue publicado por primera vez en la revista Universidad de México, nº 4 de diciembre de 1958, con el siguiente texto introductorio:
“Hace cinco años, en los términos que él mismo describe, Luis Buñuel fue invitado a presentar una ponencia en cierta Mesa Redonda sobre temas cinematográficos. Huraño como pocos, requirió un paciente esfuerzo lograr su intervención. Mas no hubo poder humano capaz de arrancarle, para una ulterior publicación, las cuartillas que por fin sometió al debate general. Lo que nunca supo Buñuel es que una grabadora de sonido registró con clandestina fidelidad cada una de sus palabras; ardid mediante el cual pudo reconstruirse la ponencia en cuestión, cuyo original debe dormir por ahora en algún archivo lleno de telarañas. (¡Qué digo! ¡Como si fuera posible imaginar al creador de El perro andaluz ordenando sus papeles en archivos! Dormirá, corrijo, en algún misterioso basurero.) Confieso la responsabilidad de semejante abuso. Pero no sólo no me arrepiento del despojo, sino que, después de largas consideraciones, he decidido consumarlo plenamente. Buen revolucionario, Buñuel querrá perdonar este acto criminal, violatorio de sus derechos y que sienta un pésimo precedente en los menesteres periodísticos. En todo caso, estoy dispuesto a asumir los eventuales riesgos. J.G.T”