sábado, 27 de septiembre de 2014

Hamlet de Luis Buñuel y Pepín Bello

Buñuel en Madrid en 1927
Hamlet  es la única obra teatral escrita por Luis Buñuel, en colaboración con Pepín Bello, y fue dada a conocer cuando Agustín Sánchez Vidal publicó su libro sobre la Obra literaria de Luis Buñuel en 1982. El original está fechado en 1927, Hotel des Terrasses, París, aunque el realizador le indicó al autor del libro que lo escribió en el Café Select. No hay constancia de cuál fue la aportación de Pepín Bello a la obra. Este no pasó por París, pero eso no quita para que hubieran trabajado en algún café aquí en España o incluso por correspondencia. De hecho tenemos una foto de Buñuel tomada en Madrid en 1927 y que podemos ver aquí al lado. También hay una carta de Buñuel a Pepín Bello con fecha 1 de febrero de 1927 que le dice, entre otras cosas: «Ayer me encontré con Agrifonte, colorado y antiséptico como siempre», le contó Buñuel a Pepín Bello desde París el 1 de febre­ro de 1927. «Estaba tomando un cocktail para su primo. Me pre­guntó por tus descendientes. Y termino ya por no haberme contes­tado a esta postal. ¡Hipotequemos juntos, Pepín!»[1]. Ese texto hace clara referencia al Hamlet que habían/estaban componiendo juntos.

lunes, 22 de septiembre de 2014

La política en las películas de Luis Buñuel

Aunque Buñuel  dijera ¿Has visto alguna vez política en mis películas? Nunca. No hay en ellas nada político[1], la verdad es que no estoy de acuerdo con su afirmación. Hay política en la mayoría de sus películas e incluso algunas son claramente políticas.
Buñuel es un cineasta de izquierdas que ha expresado en sus películas sus opiniones políticas. Su cine tiene un carácter crítico frente a la autoridad y las estructuras y valores de nuestra sociedad.
La edad de oro. Nunca volverá a atacar a la
burguesía de forma tan virulenta
En todas sus obras elude las definiciones fáciles y las categorizaciones obvias. Siempre en la izquierda, él no es un marxista, sino más bien un anarquista aristocrático en una tradición entroncada con Sade que pretende, no tanto el cambio, sino la autenticidad...No piensa que la liberación es posible en este mundo. Su intención es más limitada y al mismo tiempo más subversiva, lo que pretende es ayudar a que su público viva dentro de la autenticidad, siendo sinceros consigo mismos y emancipándose de los sistemas de valores falsos que sofocaban a Viridiana, a Nazarín y a Tristana. Estos personajes finalmente consiguen su liberación aceptando la naturaleza real de sus personalidades ambiguas y contradictorias y actuando según la realidad compleja del mundo cruel en el que vive el ser humano.[2]

jueves, 18 de septiembre de 2014

El río y la muerte, 1954

Es sobre la muerte a la mejicana, esa "muerte fácil"... Cuando un hombre muere, la gente fuma y bebe pequeños vasos de alcohol... La vida es muy poca cosa, la muerte no cuenta. En la película hay siete muertos, cuatro entierros y no sé yo cuántos velatorios fúnebres[1].
Inspirado en la facilidad con que puede uno asesinar a su prójimo, la película contenía gran número de asesinatos aparentemente fáciles e, incluso gratuitos... Sin embargo la mayoría de los sucesos que cuenta  esta película son auténticos y pueden, de paso, permitir, echar un interesante vistazo a este aspecto de las costumbres mexicanas.[2]
La mayoría de los sucesos que cuenta esta película son auténticos y pueden, de paso, permitir echar un interesante vistazo a este aspecto de las costumbres mexicanas...Hay países en este continente en los que la vida humana –la propia y la ajena- tienen menos importancia que en otras partes. Se puede matar por un sí, por un no, por una mala mirada o, simplemente "porque tenía ganas."[3]

domingo, 14 de septiembre de 2014

La secuencia de La última cena de Viridiana: su previsión y rodaje

La escena más famosa y que más ha dado que hablar de la película Viridiana es la que reproduce la pintura mural La última cena que Leonardo da Vinci pintó entre 1495 y 1497 y que se conserva en un convento dominico de Milán.
En la foto que hay aquí abajo se ve un plano de dicha escena. En ella están escritos los nombres de los actores que actúan en la película y también aparecen tres números, que corresponden a las tres personas que se incorporaron para rodar ese plano y que no forman parte del reparto de la película. ¿Estaba prevista de antemano esta incorporación?, ¿Fue una improvisación?,...
(Si haces clic en cualquier foto de esta página se ampliará)

Voy a intentar aclarar algunas cuestiones relacionadas con esta escena con la ayuda de diferentes testimonios. Cuando se hicieron la mayor parte de ellos, habían pasado unos 40 años desde el rodaje, por lo que caben ciertas equivocaciones en sus recuerdos. 

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Luis Buñuel y El retablo de Maese Pedro de Manuel de Falla

 La presentación de la ópera de guiñol El retablo de Maese Pedro de Manuel de Falla se realizó en 1923 en el palacio que la princesa de Polignac tenía en París, quien la había encargado y a quien Falla se la dedicó,  pero el estreno propiamente dicho tuvo lugar en Amsterdam el 26 de abril de 1926.
Primera página del programa
Ricardo Viñes, el pianista, era amigo de Mengelberg y había dos famosos teatros en Ámsterdam de música sinfónica. En uno de ellos presentó con gran éxito la “Historia del soldado”, de Strawinski, y Mengerberg quiso estrenar algo equivalente en el otro teatro. Y encargó a Ricardo Viñes que montara “El Retablo de Maese Pedro”. Entonces Ricardo dijo a su sobrino Hernando qué españoles había en Ámsterdam o en París.[1]
Un día, hablando con él…Le sugerí que los personajes humanos fuesen actores, que ocultasen sus caras con máscaras, de tal forma que se acentuase la diferencia con las marionetas, que estarían encarnadas, también esta vez, por muñecos. Le pareció una buena idea y yo me ofrecí para llevarla a cabo. Fui nombrado régisseur y así fue como llegué a hacerme cargo de la parte escénica.[2]

domingo, 7 de septiembre de 2014

La ideología política de Luis Buñuel

Pepín Bello dijo que “Buñuel nunca fue político,” lo cual es cierto, como también lo es que él renegaba de la política: ¿Has visto alguna vez política en mis películas? Nunca. No hay en ellas nada político[1].
No me gusta la política. En este terreno, me encuentro libre de ilusiones desde hace cuarenta años. Ya no creo en ella[2].
En política... estoy confuso... No sé qué pensar acerca de lo que sucede, y eso que para mí los problemas que a vosotros los demócratas os tienen en vilo, a mí no me importan... No soy demócrata. Creo en las dictaduras, fui estalinista hasta su muerte. Creo que luego hicieron muchas tonterías[3].
El Café Platerías, donde Buñuel entró en
contacto con ultraístas y anarquistas
Tengo ganas de hacer una película que vaya en contra del gusto de todos, a contracorriente de todas las ideologías, ...Sí, una película en contra de los comunistas, de los socialistas, de los católicos, de los liberales, de los fascistas. Pero yo no entiendo de política. Una política (¿película?) en la que quedara patente mi nihilismo. Una película en contra de Cristo, de Buda, de Siva[4]...
No estoy de acuerdo con que no hay política en sus películas, y este será el tema de un próximo post, por supuesto que la hay, aunque no de forma expresa. Aunque reniegue de la política, no quiere decir que no tenga su ideología y de eso vamos a hablar hoy. Toda su vida fue políticamente de izquierdas y sus simpatías oscilaban entre el anarquismo y el comunismo.

jueves, 4 de septiembre de 2014

La ilusión viaja en tranvía, 1953

La ilusión viaja en tranvía es otra de esas películas mexicanas que en su momento pasó desapercibida para la mayor parte de la crítica. Incluso Buñuel no le dedica ni un comentario en sus memorias.

Creo que la línea del argumento empezaron a escribirla Mauricio de la Serna y José Revueltas, y colaboramos Luis Alcoriza y yo. La línea argumental tenía unas cuantas cuartillas: desaparece un tranvía, suceden varias peripecias y al final el tranvía aparece en el depósito. Ustedes saben que en los vehículos públicos de México es posible, o lo era en aquella época, encontrar gente que lleva cajones de fruta, o pavos vivos, en fin: las cosas más increíbles, y por eso se me ocu­rrió que en el tranvía viajaran los obreros del Rastro con los cuartos de res, y las viejas beatas con la imagen de un santo.[1]