domingo, 28 de diciembre de 2014

La música en el cine de Luis Buñuel


Una  de las grandes melancolías de mi final de vida es no poder oír la música. Desde hace ya tiempo, más de veinte años, mi oído no puede reconocer las notas...[1].
Si yo pudiera oír tendría el mejor equipo musical del mundo y la mejor discoteca.[2]
Mi padre quiso que aprendiera a tocar el piano, yo preferí el violín (por oposición a mi padre)... A mí el piano sí me gustaba. Digo gustaba porque desde que estoy sordo no puedo oír música. En eso he venido a ser surrealista al final de mi vida: a los surrealistas no les gustaba la música.
A Buñuel le encantaba Wagner, lo que
evita que en La edad de oro se
desaga de su música tirando de la
cadena.
...Me gustan las trompas, ¡las trompas de Wagner!, el corno, el oboe... [3] También le gustaba mucho la música de órgano.
Buñuel era un gran melómano. Hacia los 11 años aprende a tocar el violín y un poco más tarde, hacia los 13, su padre le lleva a las representaciones de ópera en Zaragoza. Quiso estudiar música en la Schola Cantorum de París, pero su padre se opuso. A partir de su estancia en la Residencia se aficionará también al jazz y toca un poco el banjo. Sus conocimientos de música le permitieron montar en 1926 en Ámsterdam El Retablo de Maese Pedro de Falla y para rematar, uno de sus primeros escritos literarios, publicado en 1922, se titula Instrumentación, en la que va describiendo los diferentes instrumentos de la orquesta por medio de greguerías.

domingo, 21 de diciembre de 2014

La adaptación cinematográfica de Nazarín, 1958

Conservé lo esencial del personaje de Nazarín tal como está desa­rrollado en la novela de Galdós, pero adaptando a nuestra época ideas formuladas cien años antes, o casi. Al final del libro, Nazarín sueña que celebra una misa. Yo sustituí este sueño por la escena de la limosna. Además, a todo lo largo de la historia, añadí nuevos elementos, la huel­ga, por ejemplo, y, durante la epidemia de peste, la escena con el mo­ribundo —inspirada por el "Diálogo de un sacerdote y un moribundo", de Sade— en la que la mujer llama a su amante y rechaza a Dios.[1]
Julio Alejandro, coguionista: "Es una película que tiene un valor muy grande, primero porque Galdós es una gran figura, a quien he leído con verdadera pasión; segundo, porque Nazarín me conmueve mucho ideológicamente; y tercero, porque cuando hice la adaptación con Luis Buñuel era el momento en que él se estaba quedando sordo y me hizo sufrir de una manera terrible; llegaba a su casa con una fatiga inmensa cuando trabajábamos juntos, con la garganta completamente desgarrada por tener que hablar fuerte.
En relación a los cambios del guión cinematográfico, con respecto a la película, alcanzan más de una decena de secuencias que no alteran en nada el contenido final de la historia o a los personajes. La más significativa podría ser la secuencia 153 que fue suprimida en la película, donde Don Sabás trata de ganarse a Nazario vulgarizando su relación con Beatriz y Andara, antes de separarlo de ellas y ser enviado a la cárcel.
En general todas las secuencias eliminadas entorpecían la continuidad y la fluidez de la narración…tal vez esa haya sido la causa primordial para eliminarlas".[2]

domingo, 14 de diciembre de 2014

Nazarín, 1958

Cuando en 1957 Barbachano Ponce me propuso una película, consideramos varias posibilidades…Finalmente me decidí por Nazarín, que me interesaba como tipo humano, como con­flicto espiritual, religioso, moral, etc. Era una obra escrita ochenta o noventa años antes pero que podía situarse en México en el periodo del dictador Porfirio Díaz y las situaciones segui­rían siendo parecidas. Además podía introdu­cir muchos elementos personales, y más de hoy, sobre el cristianismo, la caridad.[1]
Nazarín es un hombre fuera de lo común y por el que siento gran afecto…Es un Quijote del sacerdocio, y en lugar de seguir el ejemplo de los libros de caballería. sigue el de los Evangelios. En vez de tener al escudero Sancho Panza, es acompañado por dos mujeres, que son un poco sus «escuderas». Al mismo tiempo, Beatriz podría ser la Mag­dalena y Andara ser la una versión femenina de San Pedro (por ejemplo: Pedro saca la espa­da cuando prenden a Cristo; Andana golpea a un guardia cuando apresan a Nazarín)[2]
Si, Nazarín es quijotesco. pero la diferencia es que Don Quijote a veces está loco y a veces no. y Na­zarín siempre está cuerdo. Tampoco es un revolucionario, aunque quizá un día podrá ser un revolucionario puro y un tanto inocente. Nazarín acaso termine creyendo más en el in­dividuo que en Dios o la sociedad. Yo también creo más en el individuo que en la sociedad.[3]
Entre las películas que he realizado en México, Nazarin es, cierta­mente, una de las que prefiero. Por otra parte, fue bien recibida, no sin ciertos equívocos que se referían al verdadero contenido de la pe­lícula. Así, en el festival de Cannes, donde obtuvo un Gran Premio In­ternacional creado especialmente para esta ocasión, estuvo a punto de recibir también el Premio de la Oficina Católica.[4]

domingo, 7 de diciembre de 2014

La censura y el cine de Luis Buñuel

Buñuel rechazaba la censura. He aquí la reacción del director ante un amigo al ver los dos cortes que había en su película Nazarín al proyectarla: Me es igual que sea quien sea, que seas tú, que sea mi madre; me cago en ti, me cago en mi madre me cago en quien sea. Esas son cosas que no se me pueden hacer a mí. Esos son cosas que no se pueden hacer a un surrealista. Y si lo que yo quise y si lo que yo hice fue precisamente herir, y querer herir, y querer molestar, y querer pisotear los sentimientos del público, ésas son casas mías, total y absolutamente mías, y nadie tiene derecho a entrometerse entre el público y yo, y si el público reacciona de la manera que reacciona, allá él.[1]
Ese plano del obispo disparando al
moribundo de El discreto encanto de la
burguesía
fue cortado en España
Creo que no necesito subrayar que estoy en contra de la censura y la represión de la libertad de expresión. Pero me sucede algo extraño: cuando un productor me da entera libertad de realizar lo que se me ocurre, de pronto me siento vacío y seco. Necesito paredes que tenga que echar abajo y obstáculos que superar. También puede ser incitante pelear contra prohibiciones. Esas situaciones me obligan a buscar soluciones para decir cosas determinadas de un modo inusual[2]...