lunes, 27 de abril de 2015

Luis Buñuel en su archivo, de Javier Herrera sale a la venta



Hace unas semanas publicábamos la noticia de que el libro Luis Buñuel en su archivo. De los olvidados a Viridiana, de Javier Herrera y publicado por Fondo de Cultura Económica iba a publicarse. Pues bien, la buena noticia es que ya está a la venta. Y la espara ha merecido la pena.
La bibliografía publicada sobre Luis Buñuel es inmensa y mi biblioteca personal es una buena prueba de ello. A pesar de ello sigue habiendo lagunas importantes en la misma, por ejemplo, no hay una auténtica biografía completa sobre el realizador, ya que como todos sabemos, la que empezó Ian Gibson se quedó en el año 1938.
Por otro lado entre la gran cantidad de ensayos dedicados al estudio de su obra se repiten con frecuencia tópicos y errores que se van transmitiendo de uno a otro. Buñuel no contribuyó mucho a clarificar las cosas. Ocultaba todo lo relacionado con su vida particular y familiar, tergiversaba muchas cosas, mentía cuando le convenía, etc. A esto hay que añadir que las obras que recogen sus declaraciones y memorias son de los años setenta y comienzos de los ochenta: Conversaciones con Buñuel, Prohibido asomarse al interior/Buñuel por Buñuel y Mi último suspiro, lo que quiere decir, que aparte de las tergiversaciones intencionadas, están las propias de la edad del realizador.
La obra que comento hoy es única dentro de la bibliografía sobre el realizador y de sumo interés para todo buen aficionado o investigador. ¿La causa? La metodología utilizada. 

domingo, 26 de abril de 2015

Simón del desierto, 1965



Simón es, ante todo, un documental sobre un anacoreta... Me ha parecido erróneo  que ciertos críticos españoles me acusen de blasfemo. Como siempre, me han adjudicado intenciones que no he puesto. Haga lo que haga, siempre verán en mí los tres pies del gato. El film está hecho como un documental... Todo ha sido tratado con el mayor respeto. No hay blasfemia. Se ha dicho que Silvia Pinal aparece vestida de Cristo con una barba y da patadas a un cordero. Pero ella es la encarnación del demonio. Es riguroso que en los primeros tiempos del cristianismo el demonio se aparecía bajo la forma de Cristo[1]. 
Julio Alejandro, coguionista de la película declaró: “Simón del desierto es una película que él quería hacer desde hace más de treinta años...Se llamaba al principio Simeón, el Estilita, porque se pensaba hacer una cosa exactamente sobre Simeón, pero como después encontramos toda una serie de detalles sumamente interesantes en otros estilitas, entonces se hizo una especie de fusión de varias vidas de estos santos[2]...
Es la única película de Buñuel basada en un personaje histórico y por eso procuró documentarse:  
Alguien me dio el dato de que un dominico que se llama Festugière, el padre Festugière, había escrito un libro en dos volúmenes sobre los anacoretas, sobre los estilitas. No hay ya gente en el mundo que sepa más que De la Haye y este dominico Festugière sobre el tema[3]. Festugière habla de cinco o seis estilitas, entre ellos tres santos, uno de ellos Simeón,… Entonces leí primero el Festugière en dos volúmenes y tome notas. Luego, mi hijo Juan Luis pidió por mí a la Biblioteca de Washington—que es tal vez la mejor del mundo—la obra de De la Haye "Qué son los estilitas", en general… Entonces leí la parte interesantísima donde están quince, veinte estilitas, con consideraciones sobre cómo eran, cómo hablaban, qué pasaba, por qué era eso. Era el momento del anacoreta en el Medio Oriente…
Y con esos dos libros… me documenté. De manera que casi todo lo que aparece, casi todo en Simón es autentico… O sea, que las conversaciones sobre las que dicen algunos: "Se burla", no me burlo, yo transcribo… Simón del Desierto es un documental. Excepto, claro, lo del diablo. El diablo me lo he inventado yo, pero el diablo pinchaba a los anacoretas. Lo que pasa es que eran tentaciones inocentes. Como los monjes eran analfabetos, pues las tentaciones consistían en que un diablo se presentara y les diera pinchazos en las nalgas, o no los dejara dormir...  Yo inventé algunas tentaciones más de nuestro siglo, verdad? Pero todo es un documental... Aunque el milagro me lo inventé yo.[4] 
Pensaba rodarla en latín, pero finalmente, no respondía a una verdad histórica. La mayor parte de los monjes hablaban sólo siríaco y eran analfabetos[5].

domingo, 19 de abril de 2015

El documental en las películas de Luis Buñuel

Si en el post anterior tratábamos la relación de Luis Buñuel con el documental de forma global, aquí vamos a analizar más detalladamente su relación con dicho género a lo largo de su filmografía.
Ya en el guion de Caprichos, su segundo proyecto frustrado, en colaboración con Ramón Gómez de la Serna, nos informa Buñuel que estaba inspirado en siete u ocho cuentos breves del escritor. Para enlazarlos se me ocurrió presentar en forma de documental las distintas etapas de formación de un periódico. Un hombre compra un periódico en la calle y se sienta en un banco a leerlo. Entonces aparecerían uno a uno los cuentos de G.S. en las distintas secciones del periódico[1].
Eugenio Montes al hablar de Un perro andaluz (1929) resaltaba el aferramiento de sus autores a lo concreto y material y la tendencia a la constatación documental, en lugar de las etéreas delicuescencias de flous, sobreimpresiones y simbolismos a que tan aficionada era la vanguardia francesa...En cierto modo, su género “natural”, es una personal y peculiar variante del documental.[2]
Escena documental sobre Roma
en La edad de oro
Las sesiones que Buñuel programaba para el Cineclub Español solían estar formadas por  una película de cine clásico, un documental y una de vanguardia, aunque no siempre fue así.
En su segunda película, La edad de oro (1930), tenía que incluir un documental sobre los alacranes. Ante la dificultad de rodar a dichos animales por él mismo en el cabo de Creus, Buñuel incorporó el documental Le scorpion Languedocien, comprado a la Sociedad Compagnie Universelle Cinématographique, en París. Los textos intercalados fueron escritos por Buñuel extraídos de los escritos  de Fabre, al que el realizador admiraba. Por otro lado, la escena de la catástrofe (el flashback que ilustra las palabras del ministro del Interior) se sacó de la película The white sister (1923, Henry King).[3] La inclusión por parte de Buñuel del documental de los escorpiones al inicio pretende introducir la visión del entomólogo, y por tanto de objetividad, en el resto de secuencias que conforman la película.

domingo, 5 de abril de 2015

Diario de una camarera (Le journal d'une femme de chambre, 1964)

Buñuel iba a rodar Diario de una camarera en México para Alatriste y con Silvia Pinal como intérprete, pero el productor francés Serge Silberman le pidió hacer una película para él en Francia y nos pusimos de acuerdo en una adaptación de "Memorias de una doncella", de Octave Mirbeau, libro que yo conocía desde hacía mucho. Por diferentes razones, decidí desplazarla en el tiempo, aproximarla a nosotros, situarla hacia finales de los años veinte, época que yo había conocido bien. Eso me permitió, en recuerdo de La Edad de oro, hacer gritar al final «¡Viva Chiappe!» a los manifestantes de extrema derecha.[1]
Con Diario de una camarera he querido abordar la introspección sobre la mentalidad y la moralidad de la burguesía francesa de provincias en torno a los años 30. La moral burguesa es lo inmoral para mí, contra lo que se debe luchar. La moral fundada en nuestras injustísimas instituciones sociales, como la religión, la patria, la familia, la cultura, en fin, los llamados "pilares de la sociedad". En lo que respecta a Diario de una camarera, creo que contiene muchos de los temas que me son naturales y que reflejan mis intereses más auténticos.[2]
La novela es sólo un punto de partida. En ella, Célestine sirve en muchas casas consecu­tivas. Preferí concentrar los episodios que me interesaban en una sola casa. Añadí un elemen­to de otro episodio: el viejo fetichista.[3]
Buñuel aceptó rodar Diario de una camarera como consecuencia de la negativa de la censura franquista a que rodara en España Tristana, algo comprensible dado el escándalo causado por Viridiana dos años antes. El rodaje comenzó el 21 de octubre de 1963 en los Franstudio (Saint-Maurice). Interiores en Billancourt. Estreno en París el 4 de marzo de 1964 en los cines Colisée, Marivaux y Bosquet de París.
Con esta película, que fue rodada en París y en las proximidades de Milly-la- Forêt durante el otoño de 1963, yo descubrí por primera vez a unos colaboradores franceses que nunca me abandonarían: Pierre Lary, mi primer ayudante, Suzanne Durremberger, excelente script, y el guionista Jean-Claude Carrière, que hace el papel de cura. He conservado el recuerdo de un rodaje tranquilo, bien organizado, amistoso. Con ocasión de esta película conocí a la actriz Muni, singular personaje animado de una vida muy personal, que se convirtió, en cierto modo, en mi mascota.[4]