domingo, 27 de septiembre de 2015

Luis Buñuel y Paco Rabal II



Continuamos narrando las relaciones entre Paco Rabal y Luis Buñuel.*
Buñuel y Paco Rabal siguen queriendo trabajar juntos, pero por diferentes causas, los diversos proyectos fracasan:
En septiembre de 1962 Buñuel le escribe: Alatriste me dijo ayer que no se me puede proponer un film, o ponerlo yo, sin que salga tu nombre como "galán". Y tiene razón. Sea el film polaco, francés, italiano o gringo te veo siempre en ese papel. (3/41)
En Marzo de 1963 Buñuel le dice que va a hacer Tristana: Desde luego me entusiasmaría que trabajases tú, pero por desgracia el papel del pintor no es digno de ti. ¡Si lo pudiera "hinchar"! Veremos. (3/47)
En diciembre de 1965: En cuanto al monje Lewis, te diré que se presenta muy, muy difícil… No se trata de que tú no estés bien en el tipo de monje, aparte de que te sobra como actor para llevarlo. No hay duda de que tú, español, uno o dos ingleses —he rehusado a Lawrence Olivier— y una francesa, junto a una chica italiana joven, daría un abominable pot-pourri. Tendremos tiempo de hablar en París, pues cuando llegue todos estarán todavía pendientes de contrato. El film debe ser rodado en Francia. No necesito ni insistirte en que para mí, aparte de la amistad, eres una persona con la que me encanta trabajar y a la que admiro como actor. Basta y veremos. (3/55-6)
En otro momento señaló: Para el monje mismo se ofreció Omar Shariff, pero no lo acepté, porque yo pensaba en Francisco Rabal.[1]

No fue aquel de El monje el único proyecto frustrado de Buñuel. Algunos de ellos —lo digo con orgullo—, pensados para mí, como Un caso clínico, a partir de la novela de Buzatti, o incluso un Quijote en el que yo haría de Sancho y Fernando Rey de caballero de la triste figura —que acabaría haciendo para Gutiérrez Aragón, y que ha sido uno de los grandes papeles de su vida, en el que estuvo magistral—. También quedó en el aire la idea de hacer juntos, en teatro, un Don Juan en la versión de Zorrilla, su preferida, obra que yo hice para Televisión Española y que a él le fascinaba. Su idea en hacer un Tenorio escolar, con decorados de papel, etcétera. ¡Pero tantas cosas quedaron por hacer! Siempre que nos veíamos me contaba ideas que tenía en la cabeza, y en todas estábamos mezclados Femando Rey y yo. Mi exceso de trabajo y compromisos contraídos me impidieron hacer con él Simón del desierto y también El ángel exterminador, para la que me llamó Gustavo Alatriste. El caso es que, a veces porque yo estaba comprometido, otras porque no había en sus películas papeles a los que se adaptara mi físico, y otras por la nacionalidad, que planteaba problemas laborales si se trataba de Francia, sólo trabajé en otra película suya, Belle de jour, versión de la novela de Joseph Kessel (pese a tratarse de una película francesa, caso raro).

domingo, 20 de septiembre de 2015

Luis Buñuel y Paco Rabal I



Este post tiene la finalidad de constatar la gran amistad y cariño que existió entre Luis Buñuel y Paco Rabal. Para ello vamos a recurrir, sobre todo a información de primera mano.[1] La amistad entre ambos fue verdadera y de ello da fe Julio Alejandro, guionista de algunas de las películas de Buñuel y amigo de ambos. En su Testimonio oral dedicado al actor murciano declaró: "Tú para él eras verdaderamente un personaje profundamente familiar. Cuando él sonriéndose, casi riéndose, me decía: "Se ha inventado llamarme tío". Le gustó, le encantó. Estaba feliz porque tú, de una manera casi totalmente infantil, podríamos decir, le dijeras tío. Le conmovió. Le hizo como si cerrara un ciclo bonito. Y puedo decirte: en esta ocasión, cuando contó esto y habló de estas cosas, o de otra cosa, tuvo en el rostro conmoción, emoción, fuerza… sensación de cariño, profundo, serio, que tenía cuando hablaba de ti."[2]
El inicio de su relación tuvo como origen el rodaje de Nazarín. Buñuel llevaba tiempo buscando un actor que diera el tipo para interpretar al cura protagonista: Buñuel decidió contratarme viendo en México Historias de la radio[3], de Sáenz de Heredia, por recomendación de Barbachano, a quien, a su vez, me había recomendado Julio Alejandro, y también Margarita Aleixandre y Rafael Torrecilla. Creo que me eligió no tanto porque pensara que yo era buen actor, sino porque daba la edad y el físico, de origen árabe, que quería para Nazario, el protagonista de la novela de Galdós. Por mi parte, yo no había visto nada suyo; sabía de él tan sólo lo que me habían contado los amigos: su pasado surrealista, que había hecho El perro andaluz con Dalí, etcétera. No obstante, tenía una gran ilusión por trabajar con él; era un sentimiento intuitivo. Renuncié incluso a una tentadora oferta de la Metro Goldwyn Mayer para hacer un papel en Goya, junto a Anthony Franciosa y Ava Gardner, y firmé el contrato a ciegas. Acerté de lleno. (1/193)

domingo, 13 de septiembre de 2015

Buñuel y sus productores



Los Noailles con Buñuel
Es evidente que las relaciones de Buñuel con los productores de sus películas a lo largo de su carrera, han sido muy variadas, pero a pesar de todo, el realizador siempre ha tenido claro que hacer cine era caro y nunca ha querido que sus productores perdieran dinero. Siempre hizo lo posible para evitarlo: una rigurosa planificación previa al rodaje de cada día, nunca sobrepasaba el presupuesto previsto, respetó los días de rodaje, eliminación de los planos que suponían elevar el costo de la película, apenas repetía las tomas, gastaba poca película, etc. Era muy consciente de que cuanto menores sean los riesgos financieros, más dispuestos estarán los productores en financiar su película.
En relación con la producción de sus películas podemos distinguir diferentes etapas a lo largo de su carrera:

domingo, 6 de septiembre de 2015

Luis Buñuel, crítico de cine

Der Müde Tod, la película que llevó a Buñuel al cine
Buñuel se fue a París en 1925 y al año siguiente decide dedicarse al cine tras ver la película de Fritz Lang Las tres luces (Der müde Tod, 1923). Con la pretensión de aprender el oficio se apunta en la Académie de Cinéma y se ofrece como ayudante de Jean Epstein.  En 1927 aparecen sus primeros escritos cinematográficos.
Desde que llegué a París yo iba al cine con frecuencia... hasta tres veces al día. Por la mañana... veía películas norteamericanas... Por la tarde, una película en un cine de barrio. Por la noche iba al "Vieux Colombier" o al "Studio des Ursulines"...[1]Se inició oficiosamente como crítico en La gaceta literaria, y ya en noviembre de ese año será el coordinador de la sección cinematográfica de la publicación. Ese mismo año empezó a colaborar, también como crítico de cine y gracias a Zervos, en las feuilles volantes  de los Cahiers d´Art.  Esta actividad de Buñuel se desarrolla sobre todo a lo largo de 1927 y continúa, más espaciadamente, hasta abril de 1929. Son trece crónicas más la conferencia de 1958, El cine instrumento de poesía. Dejamos aparte la citada conferencia porque ya tratamos de ella con anterioridad. La página de La Gaceta la dirigía Buñuel desde París, donde residía y era un reflejo de sus inquietudes personales y de las amistades que tenía en la ciudad: Gracias a Zervos, yo escribía críticas en las "feuilles volantes" de los "Cahiers d´Art" y enviaba algunos de mis artículos a Madrid[1a].