domingo, 25 de octubre de 2015

Julio Alejandro y Luis Buñuel

Julio Alejandro
Continuando con nuestra serie de guionistas más allegados a Luis Buñuel, hoy vamos a hablar de Julio Alejandro. Colaboró en los guiones de: Abismos de pasión, Nazarín, Viridiana, Simón del desierto y Tristana. Su colaboración a las películas de Buñuel es fundamental y, sin su contribución, es posible que estas obras no hubieran existido de la manera que hoy conocemos. Muchas de las aportaciones y hallazgos proceden, sin duda, de unos guiones excelentes, espléndidamente construidos y en los que el vocabulario galdosiano se alía a un conocimiento de la lengua culta de los años veinte y treinta de este siglo (Tristana). El estilo de este escritor, enormemente familiarizado con el mundo de Galdós, se aprecia bien en esta versión cinematográfica.[1]
Es el coguionista más hondo e intenso con el que ha trabajado Buñuel. De desbordante personalidad, es hombre clave en la obra más hispana de Buñuel.

domingo, 18 de octubre de 2015

Luis Alcoriza y Luis Buñuel

Luis Buñuel anotó en sus memorias: A lo largo de mi vida he trabajado con 18 escritores diferentes. Entre ellos, recuerdo sobre todo a Julio Alejandro, hombre de teatro, buen dialoguista, y Luis Alcoriza, enérgico y susceptible, que desde hace ya tiempo escribe y realiza sus propias películas. Con quien más identificado me he sentido es, sin duda, con Jean–Claude Carrière. Desde 1963 hemos escrito juntos seis películas.[1]
Es precisamente de estos tres guionistas de los que vamos a hablar aquí, tanto porque fueron los que más veces colaboraron con el aragonés, como por el hecho de que fueron grandes amigos. No vamos a extendernos en su vida o carrera cinematográfica, sino que nos centraremos en su relación con Buñuel y en lo que aportaron a su obra.
Hoy nos centraremos en Luis Alcoriza. Fue el primero en trabajar con Buñuel, concretamente a partir de su segunda película mexicana, El gran calavera. Es esta precisamente una de los pocos filmes en que Buñuel no colaboró en la redacción del argumento. Alcoriza trabajó con el aragonés en los siguientes filmes: El gran calaveraLos olvidadosLa hija del engañoEl brutoRobinson CrusoeÉlLa ilusión viaja en tranvíaEl río y la muerteLa muerte en este jardínLos ambiciosos y El ángel exterminador.

domingo, 11 de octubre de 2015

Luis Buñuel: La escritura del guion (II) Jean-Claude Carrière lo cuenta



Aquí no vamos a detallar cómo se redactaron cada uno de los guiones que escribió Jean-Claude Carrière para el aragonés, sino que detallaremos el "ritual" que seguían para la elaboración del mismo. Carrière ha contado en numerosas ocasiones la forma de trabajar que tenía Luis Buñuel. Aquí nos vamos a basar en la más completa de todas[1], insertándole datos complementarios de otras cuando así sea necesario. Es por eso que alguna frase aparece repetida, pero he preferido dejarla para conservar la frescura del texto. Si no se indica lo contrario la información procede del citado libro. Los dibujos son de Carrière.
Jean-Claude Carrière: Para él vivir era vivir en español. Siempre. Para comer, para cami­nar, para hablar: en español. Alguna vez una frase en francés, pero siempre le gustaba trabajar con sus raíces, sea en España o en México, y siempre en lugares aislados, lejos de todo. El monasterio de El Pau­lar, en España, el balneario de San José Purúa, en México... Creo que Buñuel escribió allí como veinte películas.
Para Buñuel escribir un guion es vivir. Escribir los dos juntos es vivir los dos como una pareja. Es compartir algo total, un momento de la vida.[2]
Buñuel con Carrière
La condición de vivir juntos es muy importante para trabajar una historia; para escribir un guion se necesita vivir solos y aislados en un lugar confortable, sin mujeres —importantísimo—, sin amigos, ni visitantes, comiendo juntos los dos, desayuno, comida y cena, una vida juntos. Calculo que comimos juntos más de dos mil veces. La vida de una pareja.

domingo, 4 de octubre de 2015

Luis Buñuel: La escritura del guion (I)



Aunque creo que nada es más importante en la fabricación de una película que un buen guion, nunca he sido hombre de letras. En casi todas mis películas (menos cuatro) he necesitado un escritor, un guionista, para ayudarme a poner en negro sobre blanco el argumento y los diálogos. Esto no significa que este colaborador sea un simple secretario encargado de registrar lo que yo digo. Al contrario. Tiene el derecho y el deber de discutir mis ideas y proponer las suyas, aunque sea yo, en fin de cuentas, quien debe decidir.
A lo largo de mi vida he trabajado con 18 escritores diferentes. Entre ellos, recuerdo sobre todo a Julio Alejandro, hombre de teatro, buen dialoguista, y Luis Alcoriza, enérgico y susceptible, que desde hace ya tiempo escribe y realiza sus propias películas. Con quien más identificado me he sentido es, sin duda, con Jean–Claude Carrière. Desde 1963 hemos escrito juntos seis películas.
Carrière de sacerdote en
Diario de una camarera
En un guion me parece lo esencial el interés mantenido por una buena progresión, que no deja ni un instante en reposo la atención de los espectadores. Se puede discutir el contenido de una película, su estética (si la tiene), su estilo, su tendencia moral. Pero nunca debe aburrir[1].
Necesito tener siempre un colaborador. Si me pongo a escribir una escena tardo tres días en lo que, tras una conversación extensa, un escritor hace en tres horas. Estoy presente en todo porque es mi película. Si escribiese para otros me ajustaría a su manera de hacer. En las películas peores, aunque no haya firmado el guion, siempre he colaborado. Como las historias casi siempre son mías, no hay dificultad. Para mí es un excitante trabajar con otra persona. El ángel exterminador la escribí solo y tardé cuatro meses en tener una continuidad. Formaba parte de las tres historias cortas escritas para Barbachano años antes, y que hice en colaboración con Alcoriza.
Pongo los números en el guion sólo para facilitar el plan de trabajo.
Cuando hace falta hago todo lo posible por documentarme. Él me atrae precisamente porque estaba muy bien preparada, por eso es auténtica. En París el film se pasaba cada año en el Hospital de Sainte Anne, como un caso perfecto de paranoia... Cuando fui a Las Hurdes también iba muy documentado… Ahora, para "El monje", he consultado muchos textos de vida conventual[2].