domingo, 31 de enero de 2016

El montaje en el cine de Luis Buñuel

El filme ya está terminado dentro mío antes del rodaje. Pero también le dedico mucho tiempo  de trabajo, y lo hago con antelación.[1]
Durante el rodaje trato ya de no filmar más que los minutos necesarios para cada escena, de manera tal que casi es suficiente cortar las lengüetas y pegar los trozos. Este trabajo se puede hacer en diez días[2]… El montaje lo hago siempre yo mismo[3]
Antes, el montaje podía costarme ocho días de trabajo. Ahora,... lo hago en dos o tres. Esto significa que hay que ir al estudio muy preparado, sobre todo si, como yo, no se toman planos "de protección"[4].
Al acabar el rodaje... descanso dos días mientras la montadora empalma en orden las tomas, incluyendo las claquetas. Cuando eso está listo, empiezo a elegir las tomas y ordeno que se supriman las claquetas.[5] Algunos directores hacen un filme totalmente distinto en la mesa de montaje[6].
El montaje es la última fase de elaboración de un filme. Como ya hemos visto por anteriores entregas, Buñuel llegaba al rodaje con un découpage[7] minuciosamente elaborado para facilitar su trabajo y el los técnicos. Esta forma de trabajar del realizador hizo que el trabajo del montador fuera mucho más sencillo.

domingo, 17 de enero de 2016

Goya y Buñuel

Hablar de la influencia de Goya en Buñuel es ya un tópico. Es algo que reconoce todo estudioso de la obra del realizador. He aquí un par de ejemplos:
·  Habría que inscribir a Buñuel entre los cultivadores del realismo–naturalista hispánico: Cervantes, Velázquez, Goya, Galdós, grandes observadores de la realidad cotidiana, pero también, y por lo mismo, grandes "alucinadores", que tan magistralmente han sabido traspasar al arte la realidad palpitante, iluminada con las palpitaciones del espíritu.[1] Son muchos los recuerdos  culturales de la tradición hispánica y de la cultura occidental, asumidos vitalmente por él, que se aprecian en sus películas mexicanas.[2]
·  De la cultura española Buñuel ha integrado una cierta poética de la violencia y la tradición del humor negro que va de Quevedo a Goya, rasgos que han sido transportados por el esplendor del humor negro en México.[3]

domingo, 3 de enero de 2016

Buñuel y la dirección de actores II

Con los testimonios de los protagonistas terminamos el tema de la dirección de actores por parte de Luis Buñuel.
Buñuel dirigiendo a Jean-Claude Carrière
en Diario de una camarera
Comenzamos con los cometarios de Jean-Claude Carrière, su habitual coguionista en sus últimas películas y que actuó en algunas de ellas: “La idea de que yo hiciese un papel en Diario de una camarera surgió cuando escribíamos el guion. Siempre escenificábamos las escenas. Cuando lo hicimos en la escena de la confesión yo era el cura y Buñuel era la señora que venía a confesarme sus pecados. Entonces me dijo: Lo hace tan bien que hará usted el papel de cura. Tuve que trabajar mucho. Me hizo ensayar mi manera de andar, la manera de poner las manos, todo pero fue muy divertido y me sirvió, sobre todo, para conocer de una manera práctica su manera de dirigir actores. Sobre esto creo que Buñuel tiene dos maneras diferentes de trabajar con ellos. A unos los deja en completa libertad, como a Jeanne Moreau, por ejemplo. Los primeros días la hizo entrar en el personaje para luego soltarla en la escena, limitándose a darle unas pequeñas indicaciones. Él me dijo que la Moreau le había enriquecido el personaje por un factor de pura improvisación, como podía ser un gesto o una mirada, que él aprovechaba. Esto es lo que hace con los buenos actores, o simplemente con los que coinciden con el personaje:  les deja libres y únicamente los vigila y los corrige. A los que no dan bien el personaje, por el contrario, les indica hasta el más mínimo movimiento de una ceja. En mi caso, en un plano bastante difícil, hizo de mí un autómata, un muñeco al que se da cuerda. Con este sistema no es de extrañar que consiga buenas interpretaciones con malos actores, como le ocurría en México.[1]