domingo, 23 de octubre de 2016

El tema del doble en el cine de Luis Buñuel



Buñuel disfrazado de monja
Ya hablamos en otro post del gran interés del Buñuel por los disfraces: Adoro los disfraces, y eso desde mi infancia. En Madrid, a veces, me disfrazaba de sacerdote y me paseaba así por las calles, delito castigado con cinco años de cárcel. También me disfrazaba de obrero. En el tranvía, nadie me miraba. Estaba claro que yo no existía… El disfraz es una experiencia apasionante que recomiendo vivamente, pues permite ver otra vida. Cuando va uno de obrero, por ejemplo, se ofrecen automáticamente las cerillas más baratas. Todo el mundo pasa delante de uno. Las chicas no te miran nunca. Este mundo no está hecho para uno.[1]

domingo, 9 de octubre de 2016

La casa de Buñuel en México

Luis Buñuel estuvo viviendo en su casa de la Cerrada de Félix Cuevas de México, desde el 3 de marzo de 1954, hasta su muerte en julio de 1983. Luego siguió habitándola su esposa hasta su muerte en 1994. En 2010 Ángeles González-Sinde, que estaba al frente del Ministerio de Cultura compró la casa a los hijos del cineasta por 400.000 euros. Posteriormente el
estado español hizo fuertes inversiones en reformar la casa para las actividades a las que tenía previsto dedicarla. Se convirtió en 2013 en un centro cultural, que se conoce como Casa Buñuel o Casa Museo Luis Buñuel y que desde mayo de 2015 no tiene actividad debido a un  conflicto de intereses entre los ministerios españoles de Cultura y de Exteriores.

domingo, 2 de octubre de 2016

Luis Buñuel y el escándalo

En los momentos de esplendor del surrealismo, los integrantes del grupo utilizaban el escándalo como arma para instaurar en la sociedad la nueva moral que ellos preconizaban. ...Los surrealistas... luchaban contra la sociedad a la que detestaban utilizando como arma principal el escándalo... Era ...el revelador potente, capaz de hacer aparecer los resortes secretos y odiosos del sistema que había que derribar[1].
Sus primeras películas iban en esta dirección. En Un perro andaluz y La edad de oro, el escándalo presenta una triple cara. Intelectual, la estructura y la escritura de los dos filmes agreden constantemente la razón. Moral, en la medida en que Buñuel denuncia, con una violencia que recuerda la de un Benjamin Péret, lo que estima son los falsos valores del orden burgués trazando un balance feroz de todas sus

opresiones...Escándalo “físico” en fin, en el sentido en que la sensibilidad del espectador es puesta a prueba por toda clase de agresiones: el ojo cortado, la cara de Batcheff con los ojos en blanco y babeando sangre, la cara ensangrentada de Modot, las imágenes de excrementos, los gestos inconfesables (onanismo) la representación de las pulsiones sexuales, en resumen, todo lo que perturba y hiere. Buñuel es uno de los primeros en haber tenido la audacia de agredir al público por la representación de una violencia física, intelectual o moral, de forma que, maltratado, tocado en lo más profundo de él mismo, el espectador pone en cuestión sus certezas y ensancha otro tanto su conocimiento de sí mismo.[2]