domingo, 12 de febrero de 2017

¿Era Luis Buñuel cruel? ¿Lo era su cine?

En el último post tratamos el tema de la violencia en Buñuel y su obra. Hoy vamos a ver un tema directamente relacionado con el anterior. ¿Era Luis Buñuel cruel? ¿Lo era su cine? 
A Buñuel se le ha tachado frecuentemente de ser cruel. Veamos un par de ejemplos:
·  León Felipe, amigo del realizador, aunque no en muy buenas relaciones cuando escribió lo siguiente: “Necesita torturar, humillar y matar a mucha gente… Es un bruto sádico aragonés…[1]
La edad de oro
·  Benjamín Peret, poeta admirado por el aragonés: "Buñuel se complace en la crueldad...Esa crueldad se encuentra en la base de toda la obra de Buñuel y esto es verdad a tal punto que, aun cuando él la refrena, persiste en estado latente y permanece difusa como en Subida al cielo, que en este momento se ve en París. Era imposible, por otra parte, que fuera de otra manera, puesto que esta crueldad es parte integrante del temperamento de Buñuel.”[2]

A estos comentarios Buñuel respondía: Eso de mi crueldad..., para qué voy a hablar. Para ser cruel, supongo, hay que ser valiente...Yo no creo haber hecho muchos actos de valor en mi vida... He pasado a la historia... por el corte del ojo de la ternera, en... Un perro andaluz.... Me dio un asco del demonio[3]...
Frente a los que tachan su obra de cruel, el realizador ponía como ejemplo de película cruel la obra maestra de Carlos Saura: En La caza te quedas hecho polvo. No gustará a las gentes, con tanta crueldad. Es la película más cruel que conozco...Es extraordinaria...¡qué crueldad! (se ríe)[4]...
Es cierto que el cine de Buñuel está salpicado de cierta crueldad y esa crueldad acaba por definir a cierto tipo de personajes:
·   En Los olvidados: el rostro encendido del Jaibo asesinando a Julián, o el del ciego don Carmelo que se alegra de la desgracia ajena.
·   Don Quintín el amargao, el protagonista de la película La hija del engaño es un personaje muy cruel.
·   Alejandro, en Abismos de pasión muestra un comportamiento cada vez más cruel.
·   En Él, Francisco en la escena del campanario le dice a su mujer: "Voy a empujarte hasta el borde y a arrojarte a la calle para ver cómo te estrellas contra el suelo.” Dentro ya de ese ritual y ceremonia de la relación violencia–sexualidad–sadomasoquismo–muerte, la película adquiere esa dimensión de espectáculo teatral de la crueldad, presente en el cine de Buñuel desde Un perro andaluz.[5]
·  En Diario de una camarera, la lentitud y complacencia con la que Joseph mata la oca clavándole un punzón en el cuello y sus palabras: "Es preciso que sufran, cuanto más sufren más buenas son, y me gusta hacerlo”.
La lista de personajes buñuelianos marcados por la crueldad es interminable.[6]
Los olvidados
Jean–Claude Carrière reconoce la inclinación de Buñuel hacia la crueldad sexual, pero duda que jamás trascendiera los límites de su imaginación. “Naturalmente, nunca se sabe, en la intimidad...Pero él nunca me lo dijo, ni tampoco me ha dicho nadie nada que pueda dar la impresión de que fuera un sádico o un sádico reprimido. Tal vez lo seamos todos. Pensándolo detenidamente, tal vez estuviera más cerca del masoquismo que del sadismo. Belle de jour es el retrato exacto, y muy preciso, de una mujer masoquista.[7]
Incluso en Las Hurdes/Tierra sin pan, podemos advertir una cierta crueldad en su  secuencia más violenta, la de los hombres recién casados de La Alberca que, a caballo, arrancan las cabezas de unos gallos atados por las patas a una cuerda en la calle. Esta secuencia fue cortada en algunos países como Francia.

Aunque en las películas de Buñuel aparece frecuentemente la crueldad, eso no significa que el realizador sea una persona cruel. Aquí tenemos algunos testimonio en este sentido:
·   Julio Alejandro, guionista de algunas de sus mejores películas: “Luis no era como muchos, que son capaces de mimar a un perro, un gato o un pájaro y matan por gusto una sabandija. No, él era incapaz de matar un animal por pequeño que fuese. Cría fama y échate a dormir. Eso pasaba con Luis. Alguien viendo su cine le puso el sambenito de hombre brutal y esa falsa etiqueta, tan lejos de la verdad, lo acompañó siempre.”[8]
·   Es absurdo reprochar a Buñuel una afición perversa a la crueldad. Es verdad que parece elegir las situaciones por su paroxismo de horror. ¿Hay algo más atroz que un niño maltratado por un ciego? ¡Un ciego vengándose de  un niño! El cuerpo de Pedro, asesinado por Jaibo, será tirado en un descampado, en un estercolero, entre gatos muertos y latas, y los que se deshacen de él de esta manera son precisamente una niña y su padre, unos de los pocos seres que querían su bien. Pero la crueldad no es de Buñuel; él se limita a revelarla al mundo.
La “crueldad” de Buñuel es totalmente objetiva. Es sólo lucidez y nada tiene de pesimismo, y si la piedad queda fuera de su sistema estético, es porque lo empapa todo...Porque no elude nada, porque no concede nada, porque se atreve a mostrar la realidad con una obscenidad quirúrgica, puede volver a encontrar al hombre en toda su grandeza y forzarnos, por una especie de dialéctica pascaliana, al amor y a la admiración.[9]
Diario de una camarera
·   Manuel Alcalá: Las violencias visuales de su cine, tanto en la línea del erotismo como en la de la crueldad, provienen de una personalidad delicada, incruenta y hasta tímida. Le molesta la crueldad de los primeros planos.[10]

·   Manuel Villegas López: La realidad estricta no le interesa por sí a este realista, violento hasta la crueldad y la destrucción. Su sadismo, su ferocidad, sus escenas atroces y obsesionantes, son la expresión de su realismo exacerbado...Lo que Buñuel pretende es llegar a la cúspide más inaccesible de esa realidad de todos los días, hacer del realismo el explosivo con que volar las murallas que lo separan de ese otro mundo al que preferentemente se dirige, atraído, fascinado por su sortilegio.[11]
·   J. Francisco Aranda: No es el “arte” de Buñuel, es el mundo quien es surrealista en su obra. No es una deformación sádica la que nos presenta este mundo como cruel y duro; al contrario, Buñuel muestra la violencia en planos brevísimos sin recrearse en ella, dándonos apenas los datos imprescindibles para que tomemos conciencia, con un auténtico sentido del pudor.”[12]
·   Pierre Kast: Lejos de toda complacencia en la crueldad, el acto de mostrar la realidad atroz es para Buñuel el acto más eficaz. Al describirla no recurre a los mitos, es decir a excusas y a complacencias que tienden a preservar los privilegios adquiridos en el interior de esta situación.[13]
·   Luc Mollet: La fuerza de Buñuel consiste en exponer la crueldad y lo escabroso con gentileza y humanidad.[14]
·   André Bazin: Estaríamos equivocados si creyéramos que Buñuel busca el escándalo por el escándalo, la violencia por la violencia, la crueldad de Los olvidados sólo es, por supuesto, el revés necesario de una inmensa ternura, de una aspiración insatisfecha a la dulzura, a la justicia también, y a la pureza del mundo. Porque el sueño y todo lo que revela de nuestra realidad profunda es un camino real de la verdad.[15]

La realidad es que Buñuel, a lo largo de su vida, supo construir a base de mentir y repetir los mismos tópicos en diferentes declaraciones, una especie de máscara que le venía muy bien para guardar su intimidad y la de su familia. En esta línea va la opinión de su esposa Jeanne Rucar “Luis miente, ha mentido siempre. Ha sabido hacer un gran arte de la mentira. Pero miente al ensalzar el sadismo, el masoquismo, la crueldad. Miente para no descubrirse, para que no le descubran. Desde luego es su única manera de liberarse, de conseguir esconderse, y sólo escondido, protegido por la mentira se siente libre.”[16]
La hija del engaño
Concluyendo: Como todo ser humano Buñuel era una persona compleja, tan compleja como nos la describe Beatrice Sartori: “Celoso, brusco, posesivo, dominante, austero, puritano, cruel, espartano. Así fue Luis Buñuel. Pero también, un hombre alegre, tierno, gentil, cariñoso, humorista, loco del disfraz y de los animales. Y es que hubo dos Luis Buñuel: el público y el privado. El segundo, aún hoy persiste como uno de los grandes secretos que él mismo salvaguardó de forma obsesiva.”[17]


[1] Carta de León Felipe a Juan Larrea de 11 de mayo de 1951. En: León Felipe: Castillo interior, Fundación Banco Santander, 2015, pág. 144
[2] Benjamin Péret: La obra cruel y en rebeldía de Luis Buñuel. En: AA. VV.: El ojo. Buñuel, México y el Surrealismo, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 1996, Pág. 90
[3] Max Aub: Conversaciones con Buñuel, Aguilar, 1985, Pág.69
[4] Ricardo Muñoz Suay en Max Aub: Conversaciones con Buñuel, Aguilar, 1985, Pág.424
[5] Víctor Fuentes: Buñuel: Cine y Literatura, Salvat, 1989, Pág. 107
[6] Manuel López Villegas: Sade y Buñuel, Instituto de Estudios Turolenses, 1998, Pág. 78
[7] John Baxter: Luis Buñuel, Paidós, 1996, Pág. 66
[8] Julio Alejandro en: Agustín Sánchez Vidal: El mundo de Luis Buñuel, Caja de Ahorros de la Inmaculada, 1993, Pág.100
[9] André Bazin: El cine de la crueldad, Mensajero, 1977, Pág. 72
[10] Manuel Alcalá: Buñuel (Cine e ideología). Edicusa, 1973, Pág. 119
[11] Manuel Villegas López, prólogo de: Luis Buñuel: El ángel exterminador, Aymá, 1964, Pág. 9
[12] J. Francisco Aranda: Luis Buñuel. Lumen, 1975, Pág.42
[13] Pierre Kast, en: Ado Kyrou: Bunuel, Seghers, 1966, Pág. 193
[14] Luc Mollet, en: Emilio García Riera : Historia documental del cine mexicano, VII. Pág. 348
[15] André Bazin: El cine de la crueldad, Mensajero, 1977, Pág. 93
[16] Jeanne Rucar en Max Aub: Conversaciones con Buñuel, Aguilar, 1985, Pág.333
[17] Beatrice Sartori: El Buñuel íntimo: la mirada de su mujer, Jeanne Rucar. En: Nickel Odeon, nº 13, invierno 1998,  Pág. 53

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